COMO EVITAR EL AGOTAMIENTO

IMG_2600 COMO EVITAR EL AGOTAMIENTO¿Alguna vez has estado agotado? Digo, realmente agotado (en inglés “burnout”)? No me refiero al simple cansancio físico que se resuelve con una buena noche de descanso. Tampoco a estar estresado, sino a estar emocionalmente drenado; sin fuerzas ni ganas de seguir. Hablo de sentirse abrumado por el flujo constante de problemas y situaciones que resolver que consumen nuestros recursos emocionales y físicos.

Aunque todos somos vulnerables al agotamiento, es especialmente peligroso para aquellos en posiciones de liderazgo porque los problemas y retos más difíciles siempre se elevan a los niveles más altos de la organización.

A veces caemos en la trampa de tratar de “hacer que las cosas sucedan” y simplemente nos involucramos o permitimos que nos involucren en demasiadas cosas. En cualquier caso, la causa fundamental del agotamiento es muy sencilla: el desequilibrio en el presupuesto de energía; es decir, gastar más energía que la que entra. Poco a poco, esta asimetría energética va mermando nuestras fuerzas hasta el punto que terminamos sintiéndonos débiles, extenuados y abatidos.

Una vez diagnosticado correctamente, la solución está a la vista. El profeta Isaías nos recuerda esta maravillosa promesa:

El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.
Los muchachos se fatigan y se cansan, los jóvenes flaquean y caen;
pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán
“. Isaías 40:29-31

Depender del Señor es el factor clave para mantenerse fuerte, no en nuestra propia fuerza, sino en la de Él. ¡Él es la fuente de energía inagotable!

¡Me encanta la imaginería del águila surcando los cielos! Ellos vuelan con majestad con muy poco esfuerzo, porque saben aprovechar las corrientes de aire.

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¡Isaías dice que nosotros podemos surcar así también! Sólo necesitamos depender de las fortaleza del Señor para elevarnos e impulsarnos. En pocas palabras, debemos dejar de aletear y empezar a surcar.

Esto requiere humildad, paciencia y determinación. Humildad para reconocer nuestra necesidad. Paciencia para esperar en Dios. Y determinación para ser deliberado en separar tiempos de recuperación y renovación de fuerzas.

Nótese que la Escritura dice que aun “los muchachos se fatigan y se cansan”. ¡El agotamiento le puede suceder a cualquiera, en cualquier etapa de su vida! Por eso, es vital aprender a renovar tus fuerzas esperando en el Señor para que te guíe y fortalezca.

Si no estás renovando tus fuerzas, entonces el agotamiento vendrá inevitablemente. Por eso, sé intencional en usar el día de hoy para depender de las fuerzas que él da. Reconoce que necesitas de él y simplemente pídele que te eleve a nuevas alturas hoy. Los que surcan son una inspiración a otros porque representan la majestad del poder de Dios en sus vidas y servicio.

¡Bendiciones!

SER MADRE: EL TRABAJO MÁS IMPORTANTE DEL MUNDO

“Ningún hombre es pobre si ha tenido una madre piadosa”. — Abraham Lincoln

En una presentación de la Escuela Dominical un niño olvidó lo que tenía que decir. Su madre estaba en la primera fila tratando de ayudarle haciendo gestos y formando las palabras silenciosamente, pero nada. Su memoria se fue en blanco. Finalmente, ella se inclinó hacia adelante y le susurró la clave, “Yo soy la luz del mundo”. El rostro del niño se iluminó y con gran entusiasmo y fuerte voz anunció: “¡Mi mamá es la luz del mundo!”

Cristo es y siempre será la luz del mundo, pero ¡cuánta verdad hay en la declaración de este niño! ¡Para él, como para muchos, su madre es la persona más importante del mundo!

En la Biblia tenemos muchos ejemplos de madres piadosas y abnegadas. En este caso, queremos referirnos a Ana la madre de Samuel, para extraer un importante principio que su historia nos enseña: En 1Sam.1:11 leemos:

“E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar a la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, sino que dieres a tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré a Jehová todos los días de su vida, y no pasará navaja sobre su cabeza.”

Dios escuchó su ferviente súplica, y en los versos 27-28 leemos como cumplió su promesa: “Por este niño oraba, y Jehová me dio lo que le pedí. Yo, pues, lo dedico también a Jehová; todos los días que viva, será de Jehová. Y adoró allí a Jehová.”

Ana entendió un principio muy importante: los hijos no son nuestros, son un préstamo de Dios. Él te presta a tu hijo para que tú lo formes y moldees para ser la persona que Dios quiere que sea dentro de sus planes. ¡Por eso, el trabajo de madre es el más importante del mundo! ¡Nunca permitas que te etiqueten de una simple ama de casa”. Tu trabajo no tiene nada de simple y es terriblemente importante. Muchos grandes hombres y mujeres que hicieron una diferencia positiva en este mundo fueron el producto de una madre.

IMG_2593 SER MADRE: EL TRABAJO MÁS IMPORTANTE DEL MUNDOUna vez alguien preguntó: “¿Quién fue más grande, Tomás Alva Edison o su madre?” Cuando él era niño su maestra le envió a casa con una nota que decía: “Tu niño es tonto. No podemos hacer nada por él”. La Sra. Edison le escribió de vuelta, “Tú no entiendes a mi hijo. Lo educaré yo mismo”. Y así fue, y los resultados son bien conocidos. Edison fue uno de los inventores que más contribuyeron a modificar la vida del hombre moderno. Inventó el bombillo eléctrico, el fonógrafo y más de mil inventos patentados que transformaron de manera drástica las costumbres y los hábitos de consumo de las sociedades industrializadas. Como empresario, fundó la empresa General Electric, que todavía es una de las empresas eléctricas más grandes del mundo. ¡Todo esto de un niño cuya maestra lo calificó de “tonto”! En su biografía Edison dijo que: “Mi formación se la debo a mi madre. ¡Ella estaba tan segura de mí y yo, sentía que tenía algo porqué vivir, alguien que no debía defraudar”!

¿Cuál debe ser nuestra respuesta hacia este ser tan dedicada? Hablando de la mujer virtuosa, Proverbios 31:28 dice: “Se levantan sus hijos y la llaman bienaventurada; Y su marido también la alaba.” Toma un momento, para decirle gracias a Dios, a tu madre y la madre de tus hijos por todo ella es y ha hecho por ti.

¡Bendiciones!

¡En la Obediencia está la Sanidad!

En Lucas 17:11-14 encontramos un interesante relato sobre diez leprosos que fueron sanados:

“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”

Cuando estos leprosos clamaron a Cristo tenían toda la razón del mundo para hacerlo. La lepra era y sigue siendo una enfermedad terrible. Sin tratamiento causa daños permanentes a la piel, nervios, extremidades y ojos. (Si se atreve, puede ver una imagen impactante aquí.) En los tiempos bíblicos no había tratamiento y el estigma y rechazo social eran lo peor. Tener lepra era literalmente una sentencia a una muerte lenta y solitaria, lejos de seres queridos y sin esperanza. ¡Con razón clamaron así los leprosos!

Pero la respuesta del Señor Jesús era lo que menos esperaban: “Id, mostraos a los sacerdotes.” La ley decía que cuando alguien se sanaba de lepra debía ir al sacerdote para que éste certificara que efectivamente estaba sano y que podía regresar a la vida normal (véase Levítico 14). Dicho en término modernos, lo que Jesús estaba ordenando a estos leprosos era equivalente a decirles: “¡Vayan a buscar su certificado de salud!”.

Sin duda no entendieron, pero por fe obedecieron. Y mientras obedecieron fueron sanados.

20140804-055534-p.m.-64534868 ¡En la Obediencia está la Sanidad!
El principio a aprender es este: En la obediencia está la sanidad. CUANDO ACTUAMOS POR FE EN LO QUE DIOS NOS DICE VEREMOS SANIDAD.

Este principio es aplicable a cada aspecto de nuestra vida: físico, mental, espiritual y relacional. Si ves algo en tu vida que no está funcionando como debería ser, busca qué es lo que Dios quiere decirte al respecto y luego obedécelo aunque no lo entiendas. ¡La sanidad vendrá! ¡Garantizado!

¿En qué área de tu vida necesitas sanidad? ¿Quieres ser sano? ¿Estás dispuesto a obedecer aunque no entiendas? Recuerda: ¡En la obediencia está la sanidad!

¡Bendiciones!

¿Quién es mi piloto?

20140626-082758-p.m.-73678029 ¿Quién es mi piloto?

¿Cómo te sentirías en cada uno de los siguientes casos?

1. ¡Un terrorista es mi piloto!
¡Qué horror! ¡Otras cosas o personas controlan mi vida! ¡Voy camino a la destrucción y no puedo hacer nada al respecto!

2. ¡Cristo es mi copiloto!
Todos hemos visto calcomanías en los autos con este pensamiento. Pareciera espiritual pero no lo es. ¡Piénselo! Si Cristo es mi copiloto, ¿quien es el piloto? ¡YO! En esencia, lo que estoy diciendo es: “¡Quiero hacer lo que me da la gana y que Dios esté conmigo!” Obviamente, Él nunca aceptará eso.

3. ¡Cristo es mi piloto!
Suena terriblemente espiritual, pero no es real. ¿Alguna vez has montado un avión? ¿Qué hacen los pasajeros para ayudar al piloto a llevar al avión a su destino? ¡Exacto! ¡Nada! Pero la vida real no es así. Sí, Dios quiere guiarnos, pero requiere nuestra participación activa a cada paso. Él jamás anulará nuestra voluntad. Si bien llega un momento en que debemos conscientemente ceder las riendas de nuestra vida a Dios de una vez por todas, no es menos cierto que esa decisión debe mantenerse y ejecutarse día tras día, momento tras momento. Por eso quisiera proponer el siguiente modelo:

4. ¡Cristo es mi torre de control!
Creo que éste es el modelo que más se asemeja a la realidad de lo que debe caracterizar nuestra relación con Él en términos de su dirección.

Primero: necesito estar en el puesto del piloto. En la práctica, eso significa que asumo la responsabilidad de mi propia vida. ¡Basta ya de permitir que otras personas o circunstancias tomen control de mi vida!

Segundo: Una vez en el asiento del piloto, en lugar de depender de mis propios recursos dependo de Él. Proverbios 3:5-6 dice:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.

¿Por qué es vital cultivar esta dependencia? Volvamos a la analogía del avión.
La torre de control tiene más información que el piloto. Conoce la realidad de las condiciones atmosféricas, de la pista, y de los otros aviones. Inclusive puede ver partes de mi propio avión que no puedo ver.

La torre de control sólo desea mi bienestar y el de todos.

De igual manera, Dios no sólo tiene toda la información que necesitamos sino que desea usarla para nuestro bienestar. El promete:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Jeremías 29:11

La primera vez que presenté este modelo, alguien me dijo: “Hmmm… Suena interesante, pero no me gusta la idea de que Cristo esté dirigiendo mi vida desde afuera”. La respuesta es que este modelo, como cualquier otro, tiene sus limitaciones. No trata de ilustrar nuestra intimidad con Cristo sino nuestra continua dependencia y sumisión a Él. Si ha de haber un feliz viaje, el piloto debe mantener contacto con la torre de control constantemente. Así debe ser nuestra relación con Cristo. Y así como el piloto en cualquier momento puede, a su riesgo, decidir no sujetarse a las instrucciones de la torre de control, de igual manera podemos insensatamente decidir no someternos a Cristo como Señor en nuestras vidas. Muchos lo hacen y ¡por eso se estrellan!

En resumen:
A cada uno de nosotros Dios ha dado un avión llamado vida. También nos ha dado la libertad de elegir lo que vamos a hacer con él. Podemos permitir que otras personas o circunstancias nos lleven a la destrucción. O podemos tomar el control de nuestras vidas y nosotros mismos estrellarlo. Pero, gracias a Dios, también tenemos la opción de someternos a Dios y permitirle guiarnos a puerto seguro. ¿Quieres un buen aterrizaje? ¿Quién será tu piloto?

¡Bendiciones!

¡La Esperanza es el Combustible de la Perseverancia!

Durante la Segunda Guerra Mundial un profesor llamado MacDonald fue puesto en un campo de concentración en Alemania junto a un capellán. Una malla de ciclón separaba a los norteamericanos de los ingleses. MacDonald fue puesto en la barraca de los americanos y el capellán con los ingleses.

A escondidas de los guardias, los norteamericanos tenían un pequeño radio casero que usaban para obtener noticias de afuera. Todos los días, MacDonald compartía un titular o dos con el capellán en un idioma gaélico escocés antiguo indescifrable para los alemanes.

Un día, la radio trajo la noticia de que el alto comando alemán se había rendido y que la guerra había terminado. ¡La barraca de los americanos estalló en celebración! MacDonald llevó la nueva a su amigo y lo vio desaparecer en las barracas. ¡En un instante, en la barraca de los ingleses también se oyó el rugido de la celebración!

La vida en el campo de concentración cambió por completo. Los hombres caminaban cantando y gritando, saludando a los guardias, aún riéndose de los perros. Cuando los guardias alemanes finalmente oyeron la notica tres noches después, huyeron en la oscuridad dejando las puertas abiertas. En la mañana siguiente, los británicos y americanos salieron libres. Pero en verdad su liberación vino tres días antes con la noticia de que la guerra había terminado. ¡Esa palabra de esperanza les dio inspiración y fuerzas renovadas para enfrentar en esos tres días exactamente lo mismo que habían sufrido por meses pero de una manera totalmente distinta! Ese es el poder de una palabra de esperanza.

Si tuviera que resumir en una sola palabra lo que más quisiera transmitirte a través de mis escritos, pienso sería la ésta: ¡ESPERANZA! ¿Por qué? ¡Porque la esperanza es el combustible de la perseverancia!

¿Alguna vez te has hallado en la difícil situación de quedarte con muy poco combustible en un lugar lejos de la próxima estación surtidora? ¿Cómo te sientes? ¿No es verdad que observas nerviosamente la aguja cada segundo preguntándote hasta donde llegarás? Una situación parecida ocurre cuando nuestra esperanza se va desvaneciendo. Cuando se va perdemos todo deseo de seguir esforzándonos. ¿Para qué? En cambio, una sola palabra de esperanza puede ser la diferencia entre “tirar la toalla” y quedarse ahí “hasta que…”

20140320-075420-p.m. ¡La Esperanza es el Combustible de la Perseverancia!

Por eso, he concluido que lo que más importante que puedo ofrecerle no es información sino esperanza. Por supuesto, brindar información veraz y actualizada es valioso, pero sola es insuficiente. Si no crees que puedes aplicarlo a tu caso particular no harás nada con ella.

Sin duda recurrimos a la Biblia como la fuente de luz, verdad, dirección, corrección y edificación. Pero a menudo olvidamos que Dios también nos dio su preciosa palabra como una fuente de esperanzas renovadas:

Porque las cosas que se escribieron antes, para nuestra enseñanza se escribieron, a fin de que por la paciencia y la consolación de las Escrituras, tengamos esperanza. Romanos 15:4

A través de su Palabra Dios quiere darte combustible para perseverar a través de lo que sea que la vida te trae. ¿No quisieras llenar tu tanque hoy?

¡Bendiciones!

El Error de Urashima Taro

“El tiempo es la moneda de tu vida. ¡Es la única que tienes y sólo tú puedes determinar como se gastará!” – Carl Sandberg

En el prólogo de mi libro Mi Pirámide de Efectividad incluyo un interesante cuento tradicional japonés que narra la historia de Urashima Taro.

20140222-051917-a.m. El Error de Urashima Taro
Taro era un pescador que salvó a una pequeña tortuga de unos niños que la estaban molestando tirándole piedras. Días después, mientras pescaba en alta mar, la mamá tortuga se acercó para decirle que a causa de su bondad había recibido una invitación para conocer a la Princesa del Mundo Submarino. Motivado por la curiosidad, Urashima se montó sobre el cascarón de la tortuga y fue llevado al palacio submarino de la Princesa. Taro se divirtió mucho en el mundo submarino, pero pronto empezó a extrañar a los suyos, por lo que pidió regresar a casa. La Princesa le regaló un cofre con la instrucción de NO abrirlo. Cuando Urashima regresó a su pueblo, encontró todo muy cambiado. Al llegar a su casa encontró que sólo vivía allí una pareja de ancianos. Para su asombro, descubrió que el anciano ¡era su propio hijo que había dejado siendo un bebé! Él pensaba que sólo había pasado una o dos semanas en el mundo submarino, pero en tierra ¡habían transcurrido más de setenta años! Sus padres y todos sus amigos habían muerto hace mucho, mucho tiempo. Triste y desconsolado, decidió abrir el cofre que le había regalado la princesa y enseguida se transformó de un joven lozano de veintitantos años ¡en un anciano decrépito de más noventa!

Francamente no entiendo como una historia tan trágica puede ser el favorito de tantos niños japoneses, pero lo uso para ilustrar una tragedia que no es un cuento: la de millones de personas que – como Taro – llegan al final de sus vidas sin haber vivido. Sin haber cumplido o siquiera descubierto la razón de su existencia.

Años atrás me encontré estudiando el siguiente pasaje:
“Mirad, pues, con diligencia cómo andéis, no como necios sino como sabios, aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos. Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor”. Efesios 5:15-17

Aunque lo había leído muchas veces y aun memorizado, en esa ocasión me impactó como si me hubieran golpeado con un tubo. La frase “por tanto” parecía saltar del texto. Indica que hay una conexión clara y lógica entre aprovechar bien el tiempo y conocer la voluntad de Dios. Entonces lo vi: ¡si voy a aprovechar bien el tiempo tengo que entender la voluntad de Dios!

La falta de tiempo nunca es el problema. En ese sentido, todos somos iguales, porque todos tenemos exactamente 24 horas al día cada día no importa si somos presidente o “piedrero”, millonario o mendigo, panameño o polaco. El problema, repito, no es la falta de tiempo sino la falta de dirección; entender claramente lo que Dios quiere que haga. Pues Él siempre nos dará tiempo para hacer Su voluntad.

Por lo tanto, si queremos aprovechar el tiempo en algo de valor eterno, el primer paso de sabiduría es elevar la mirada hacia arriba – hacia Dios- y descubrir qué es lo que Él quiere que hagamos.

Cuando Pablo fue convertido su primera pregunta fue: “Señor, ¿qué quieres que yo haga?” (Hechos 9:6). Esa fue la razón por la cual, en un marcado contraste con Taro, el apóstol terminó su carrera con este canto de victoria: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe.” (2 Timoteo 4:7).

¿Qué hay de ti? ¿Terminarás como Taro o como Pablo?

¡Bendiciones!