COMO CREAR Y MANTENER UN BUEN HÁBITO (2da parte)

Paso 1: Tener un Buen Porqué 

“Tus audaces metas de vida son fabulosos. Te felicito por tenerlas. Pero es posible que estas metas estén diseñadas para distraerte de lo que realmente te está espantando: el cambio en tus hábitos diarios que implicaría una re-invención de la manera en que te ves a ti mismo” —Seth Godin

Recientemente leí este pensamiento y fui profundamente desafiado, porque, en efecto, soy de los que sistemáticamente planifican cada día, semana, trimestre y año. Pero nunca se me había ocurrido que eso pudiera ser un distractor de lo que realmente puede hacer la diferencia en mi vida: mis hábitos. 

En nuestro escrito anterior iniciamos este tema sobre la importancia de cultivar y mantener buenos hábitos. En este, queremos empezar a explicar cómo. 

El primer paso es tener un buen porqué.  

¿Por qué quieres formar ese nuevo hábito? ¡Tu respuesta a esa pregunta es crucial!

¿Por qué quiero cultivar buenos hábitos? Porque soy lo hago repetidamente. Mi carácter se forma a través de mis hábitos y eso es lo que me cambia como persona. A la larga, lo que hago repetidamente moldea lo que soy, lo que creo y la personalidad que proyecto.

El Efecto Volante

img_4004 COMO CREAR Y MANTENER UN BUEN HÁBITO (2da parte)En el clásico “bestseller”, “Empresas que Sobresalen (Good To Great)“, Jim Collins explica el poder acumulativo de los buenos hábitos con esta poderosa ilustración: Imagina un volante enorme y pesado: un disco metálico de 10 metros de diámetro y 60 cm de espesor con un peso de 2 toneladas y media, montado horizontalmente sobre un eje. Ahora imagina que tu tarea es lograr que el volante gire sobre el eje lo más rápidamente posible y por el mayor tiempo posible. 

Empujando con gran esfuerzo, de manera casi imperceptible al principio, logras que el volante se mueva dos centímetros Sigues empujando, y después de dos o tres horas de esfuerzo persistente, logras que complete una vuelta entera. Sigues empujando, y el volante se empieza a mover un poco más rápido y con esfuerzo persistente completas una segunda vuelta. Sigues empujando consistentemente en la misma dirección. Tres vueltas… cuatro… cinco… seis… el volante va tomando velocidad… siete… ocho… sigues empujando… nueve… diez… va adquiriendo más y más ímpetu… once… doce… moviéndose más rápido con cada vuelta… Veinte… Treinta… Cincuenta… ¡Cien! 

En un momento dado, ocurre: la inercia del volante ahora trabaja a tu favor, impulsando la rueda, vuelta tras vuelta y… ¡woosh! Ahora su propio peso trabaja a tu favor. Aunque no estás trabajando más duro que en la primera rotación, el volante va cada vez más rápido. El impulso de cada vuelta se va acumulando capitalizando el esfuerzo invertido. Mil veces más rápido, luego diez mil, luego cien mil. El enorme disco ahora gira con un impulso casi imparable. 

Ahora, suponga que alguien viniera y te preguntara, “¿Cuál fue el gran empujón que hizo que está cosa gire tan rápido? Esa es una pregunta que no podrías responder; no tiene sentido. ¿Fue el primer empujón? ¿El segundo? ¿El quinto? ¿El centésimo? ¡No! ¡Fueron todos! Fue la acumulación del esfuerzo aplicado consistentemente en la misma dirección.  

La moraleja es esta: el éxito verdadero y duradero es el producto de hábitos diarios, no de transformaciones repentinas. Ese es el efecto volante: el camino al éxito y la excelencia no está marcado por un momento definitorio sino más bien una serie de acciones y pasos tomados consistentemente en la dirección correcta. Por lo tanto, dominar tus hábitos es más importante que lograr cualquier meta específica. 

Volvamos a la pregunta: ¿Por qué quieres formar ese nuevo hábito? Te invito a poner tu respuesta por escrito porque te va a servir cuando formulemos un plan para crear el hábito. Eso lo veremos en los siguientes escritos. Hasta tanto…

¡Bendiciones!

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