Como el principio de Samgar te puede ayudar

“La perfección es inalcanzable. Pero si buscamos la perfección podremos alcanzar la excelencia” – Vince Lombardi

Samgar fue uno de los líderes que Dios usó para salvar a Israel en la época de los jueces. Su hazaña fue que usó el equivalente a un palo con un clavo en la punta para ganar una batalla ¡contra 600 hombres! Y el lugar donde él llevó a cabo su oficio de juez no era el exactamente el mejor del mundo. ¡Los caminos estaba tan abandonados que la gente prefería tomar caminitos y atajos retorcidos que usar la calle principal! (Ver Jueces 3:31 y 5:6).

Este el Principio de Samgar: ¡Haz lo mejor que puedas, con lo que tienes, donde estás!

Quizá la mejor manera de explicar este principio es con una ilustración. La siguiente historia se la debo mi amigo Juan Carlos Flores tomado de su excelente blog titulado: Con lo que te Queda.

El 18 de noviembre de 1994, Itzhak Perlman, el gran violinista israelí, entró al escenario para dar un concierto en el “Avery Fisher Hall”, del Lincoln Center de la ciudad de Nueva York. Si alguna vez usted estuvo en un concierto de Perlman, sabrá que llegar al escenario no es un pequeño logro para él. Perlman tuvo polio cuando fue niño, tiene ambas piernas sujetas con bragueros y camina con la ayuda de dos muletas.

Verlo cruzar por el escenario dando un paso por vez, costosa y lentamente es una visión asombrosa. El camina penosa pero majestuosamente hasta que llega a su silla. Entonces se sienta lentamente, pone sus muletas en el suelo, afloja los sujetadores de sus piernas, toma un pie hacia atrás y extiende el otro hacia adelante, entonces se inclina y levanta el violín, lo pone bajo su mejilla, hace una señal al director y comienza a tocar.

Hasta ahora la audiencia está acostumbrada a este ritual. Pero esta vez algo anduvo mal. Justo cuando terminaba sus primeras estrofas, una de las cuerdas de su violín se rompió. Pudimos escuchar el ruido, saltó como un tiro atravesando el salón. No había equivocación sobre lo que ese sonido significaba. No había tampoco dudas sobre lo que él tendría que hacer.

Los que estábamos allí esa noche, pensamos: “tendrá que levantarse, ponerse los bragueros nuevamente, levantar las muletas y arrastrarse fuera del escenario ya sea para encontrar otro violín, o encontrar otra cuerda para el suyo”.

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Pero él no lo hizo. En su lugar, esperó un momento, cerró sus ojos y luego hizo la señal al director de comenzar nuevamente. La orquesta comenzó, y él tocó desde el punto en el que se había detenido. Y tocó con tanta pasión, y tanto poder, y tanta pureza, como nunca lo habíamos escuchado antes.

Por supuesto todo el mundo sabía que es imposible interpretar un trabajo sinfónico con sólo tres cuerdas. Yo sé eso, y seguramente muchos de los que leen esto sabrán eso. Pero esa noche Itzhak Perlman rehusó saberlo. Usted hubiese podido verlo modulando, cambiando, recomponiendo la pieza en su cabeza. En un punto, eso sonó como si él estuviera sacando el tono de las cuerdas que se había roto y consiguiendo nuevos sonidos que ellas nunca habían hecho jamás antes.

Cuando terminó, hubo un impresionante silencio en el sala, y entonces la gente se levantó y lo aclamó. Hubo un extraordinario aplauso proveniente de cada rincón del auditorio. Estábamos todos de pie gritando y animando, haciendo todo lo que podíamos, para demostrar cuánto apreciábamos lo que él acababa de hacer.

El sonrió, se secó el sudor de sus cejas, y luego dijo, no con presunción, sino en un tono reverente, pensativo, calmo, “Saben… algunas veces… la tarea del artista es descubrir cuánta música uno puede hacer con lo que aún le queda”.

¡Éste es el Principio de Samgar en acción! ¡Haz lo mejor que puedas, con lo que tienes, donde estás! ¡Esta es la esencia del éxito a los ojos de Dios! Él no te pide que sea como otro, ni que aparezcas en el libro de Records Guiness, ni que trates de impresionar a otros. Sólo te pide que seas el mejor tú que puedas ser, usando lo que tienes, en el lugar donde estás.

¿Que hay de ti? Sin duda hay cosas que nos son ideales en tu vida. ¿Que vas a hacer? ¿Quejarte o aplicar el principio de Samgar?

¡Bendiciones!

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