COMO IDENTIFICAR Y SUPERAR TUS DUDAS LIMITANTES

“La gente altamente exitosa entiende que no hay sentimiento más poderoso que darse cuenta que la única persona que puede limitarte eres tú mismo.” Jessica Rovello

img_4305 COMO IDENTIFICAR Y SUPERAR TUS DUDAS LIMITANTESRecientemente fui a hacer un trámite en una empresa y cuando iba llegando encontré un estacionamiento disponible justo a la entrada y en la sombra. ¡Era perfecto! Pero había un guardia de seguridad al lado, así que pensé que era un estacionamiento reservado. Me dispuse a estacionarme en otro espacio que estaba mucho más lejos y en el sol, pero pensándolo de nuevo, como no vi ningún letrero que lo prohibiera, decidí asumir el riesgo de que me llamaran la atención. Así que me estacioné, pasé al lado del guardia de seguridad, hice mi diligencia, me retiré y ¡nadie me dijo nada! Allí me di cuenta: ¡la única limitación estaba en mi mente! ¡Qué oportunidad hubiera perdido! 

Esta anécdota es un ejemplo sencillo pero típico de cómo muchas veces permitimos que nuestras dudas limitantes nos lleven a conformarnos con menos de lo que podemos alcanzar. 
¿Qué son dudas limitantes? 

Son temores, incertidumbres y maneras de pensar que socavan tu potencial y te mantienen estancado. 
Por ejemplo, ¿alguna vez has rechazado una oportunidad porque pensabas que eras muy joven (o viejo)? Eso casi le pasa al profeta Jeremías cuando Dios lo llamó a ser un profeta a temprana edad. Él respondió atemorizado: “¡Ah! ¡ah, Señor Jehová! He aquí, no sé hablar, porque soy niño”. Pero Dios lo paró en seco: “No digas: Soy un niño; porque a todo lo que te envíe irás tú, y dirás todo lo que te mande”. (Jer. 1:6-7).
En otro ejemplo bíblico, un hombre fue informado de cómo podía ser sanado de una terrible enfermedad. ¡Pero se fue enojado porque le parecía demasiado sencillo! Afortunadamente, alguien lo convenció de que lo intentara de todos modos y fue sanado inmediatamente (2Rey. 5:9-14). 
¡En ambos casos, su manera de pensar limitante casi los priva de algo muy bueno que Dios tenía para ellos!  
Otros ejemplos de dudas limitantes: No puedo lograr mi sueño porque…

  • Temo fracasar.
  • No tengo suficiente educación (o tengo demasiada).
  • No soy bueno en matemáticas. (¡Cuantas veces he oído esto como profesor!)
  • Tengo récord policivo. 
  • No tengo buena salud. 
  • No tengo tiempo.
  • No puedo bajar de peso por factores hereditarios.
  • ¡Alguien como ella/él jamás se fijaría en alguien como yo!
  • Me casé con la persona equivocada, nací en el hogar equivocado, el país equivocado, etc.

    ¿De dónde viene las dudas limitantes?

    Muchos de estos pensamientos limitantes vienen de experiencias negativas que hemos generalizado. Tendemos a creer que lo que sucedió en el pasado siempre será así. Si, por ejemplo, tuvimos un fracaso como empresario, rechazamos cualquier otra oportunidad comercial diciendo: “Es que no soy bueno para los negocios”. 

    ¡Es importante eliminar las dudas limitantes!

    La diferencia principal entre los que logran sus sueños y los que simplemente sueñan está en la manera en que manejan sus dudas limitantes. Los primeros han aprendido a enfrentarlos y eliminarlos. 
    Esto sé: si estoy atascado consistentemente en algo es porque hay algo en mi manera de pensar que necesito cambiar. No puedo cambiar mi condición si sigo pensando de la misma manera. Jesús lo explicó así: “El vino nuevo en odres nuevos se ha de echar.” (Mr. 2:22). No se puede obtener nuevos resultados usando la vieja manera de pensar. 

    ¿Cómo se elimina una duda limitante?

    Cuatro pasos: identifícalo, cuestiónalo, reemplázalo y repítelo. 
    1. Identifícalo. El primer paso es estar consciente de él. Muchas veces estos pensamientos saboteadores trabajan a nivel subconsciente. Están en lo más profundo de tus creencias y sistema de valores y afectan tu conducta sin que te des cuenta. Por eso es importante detenerte y preguntar: ¿Qué manera de pensar me impide avanzar en esto? Pídale a Dios que te lo revele. También vale darle permiso a alguien de confianza que te ayude a sacar a flote esas incertidumbres que te mantienen atascado. 

    2. Cuestiónalo. El siguiente paso es preguntar si esa creencia tiene validez. Muchas de nuestras dudas limitantes simplemente son mentiras que hemos aceptado sin preguntar. ¿Es verdad que mi edad es un impedimento absoluto para lograr mi objetivo? ¿Es cierto que necesito mucho tiempo y dinero para iniciar ese proyecto? ¿Cómo es posible que otras personas en mi condición lo han logrado? ¿Simplemente porque no lo logré en el pasado, significa que no lo puedo lograr si lo intento otra vez? ¿Qué tal si…?

    3. Reemplázalo. ¡No hay nada más liberador que conocer la verdad! (Jn.8:32). Una vez identificada la mentira, reemplázala con la verdad. ¡Qué mejor lugar para encontrar la verdad que en la palabra de Dios, la Biblia! (Jn. 17:17). ¿Qué dice Dios al respecto en su Palabra? A menudo es conveniente resumirlo en una frase energizante personalizada y ponerlo por escrito. Daré un ejemplo más abajo.
    4. Repítelo. Esa duda limitante probablemente ha sido arraigada por medio de la repetición y no se irá de buenas a primeras. Por eso, cada vez que regrese será necesario desalojarlo de tu mente por medio de la repetición de la frase liberadora. ¡Cuando reemplazas ese disco rallado mentiroso con una verdad redentora te sentirás energizado y empoderado!  
    Si practicas estos cuatro pasos, mi amigo, aprenderás a “llevar cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo” (2Cor. 10:5) y serás “transformado por medio de la renovación de tu entendimiento… comprobando la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta“. (Rom. 12:2). 


    Un ejemplo práctico:

    Digamos que estás luchando con una baja autoestima a causa de algo en tu apariencia física. Una mañana, te miras en el espejo y regresan esas ideas negativas con las que constantemente luchas: “Soy tan ordinario”, “¡Parece que Dios estaba distraído cuando me hizo!”, etc. Entonces, te detienes y dices en voz alta: “¡Un momento! ¡Eso sencillamente no es verdad! ¡Dios no hace basura! El Sal. 139:14 dice ‘¡Te alabo porque soy una creación admirable! Tus obras son maravillosas y esto lo sé muy bien!‘ ¡Eso significa que soy una obra maestra!”. Así que decides poner en el espejo de tu baño esa frase junto con la cita bíblica. Ahora, cada vez que estás frente al espejo te miras a los ojos y repites la frase “¡Soy una obra maestra!” y el versículo. De este modo, en lugar de salir deprimido todas las mañanas, ¡sales energizado y motivado! 

    ¿Con qué pensamientos y dudas limitantes estás luchando? ¿Qué tal si les dices hoy: “¡Hasta aquí llegaste!”? 

    ¡Bendiciones!

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