LA DIFERENCIA ENTRE LAS CENIZAS DE MI PADRE Y MI ABUELO

“Sé que nunca encontraré a mi padre en ningún otro hombre que llegue a mi vida, porque es un vacío en mi vida que sólo él puede llenar” ~Halle Berry

img_3831 LA DIFERENCIA ENTRE LAS CENIZAS DE MI PADRE Y MI ABUELOAl considerar el día del padre, hay tres pensamientos muy personales que quisiera compartir con ustedes:
1. Aunque tu padre haya sido menos que ejemplar, da gracias a Dios. 

Mis padres eran panameños.  Se casaron en Panamá y luego se fueron a EEUU, cuando él se unió a la fuerza aérea norteamericana.  Mis hermanos menores y yo nacimos allá. Luego, cuando tenía 10 años, mis padres se separaron.  Mi mamá, mis hermanos y yo regresamos a Panamá. Nunca más supimos de papá.  No trató de comunicarse con nosotros, no llamó, ni escribió. Nada. ¡Sólo volvimos a saber de él 40 años después cuando descubrimos que tenía 15 años de haber muerto!
Poco después, recibí un correo electrónico que resultó ser de una hermana por parte de padre. Mis dos nuevas media-hermanas vinieron a Panamá a conocerme.  Ellas trajeron parte de las cenizas de mi padre, las cuales esparcimos al pie del Puente de Las Américas a orillas del canal. De ellas supe el resto de la historia de mi papá.  Se había vuelto a casar… varias veces.  Murió solo, alcohólico y con muchos remordimientos.  Descubrí que mi papá no tuvo una infancia feliz. Él nos amó a su manera.  Hizo lo mejor que pudo con lo que tenía.  Eso fue lo que se le enseñó.  A pesar de todo, hoy día puedo dar gracias porque me ayudó a determinar ser, lo mejor que puedo, un esposo amoroso y un buen padre.  
2. Si tuviste un padre que fue menos que ejemplar, perdónalo. 

En 1981, John  Hinckley, hirió al presidente Ronald Reagan de un disparo. La actitud del presidente durante su recuperación hizo una fuerte impresión sobre su hija.  Ella manifestó: “Mi padre dijo que él sabía que su sanidad física dependía directamente de su habilidad de perdonar a su agresor.”  
Alguien dirá: “¡Tú no sabes lo que ese hombre le hizo a mi mamá, a mis hermanos y a mí!  Causó mucho daño.  Por su culpa me han pasado muchas cosas malas.”
Entiendo. ¡Pero no permitas que tu pasado determine tu futuro!  Uno de los principios más importantes que la Biblia enseña es el poder sanador del perdón. Recuerda siempre que el perdón no es algo que se otorga porque la persona se lo merezca ni porque se lo ha ganado.  ¡Si fuera así ninguno de nosotros seríamos dignos del perdón de nuestro Padre celestial!   
De hecho, el perdón no es necesariamente para el beneficio de la otra persona.   ¡Es por tu propio bien! Cuando Jesús enseñó sobre el perdón comenzó diciendo: “Mirad por vosotros mismos…” (Lc. 17:3-4).
Si tu padre murió o por alguna razón no puedes o no es conveniente que hables con él, lo mejor que puedes hacer es escribir una carta expresando tus sentimientos libremente, incluyendo tus enojos y frustraciones.  Luego, déjalo reposar por un par de horas y regresa.  Agrégale una posdata o varias si es necesario, pero trate de que sea lo más completo posible.   Entonces, ve al patio o un lugar seguro, haz una pequeña fogata y ¡quémalo!, hoja por hoja, diciendo: “¡Te perdono por esto…!”
3. Si tuviste un padre ejemplar, da gracias a Dios.  

En contraste con mi papá, doy gracias por mi abuelo materno, el Rev. E.S. Alphonse. Cuando regresamos a Panamá, vivimos en su casa y él hizo el papel de papá sustituto.  Todavía lo recuerdo orando por sus nietos por nombre.  Estoy convencido que soy lo que soy hoy en parte por las oraciones de mi abuelo.  
Tuve el privilegio de estar presente cuando sus cenizas fueron enterradas en 1995 en Cusapin allá en la Comarca Ngobe-buglé, donde sirvió como misionero durante 40 años.  Después de esa sencilla pero significante ceremonia, me arrodillé a solas en la playa y reconsagré mi vida a Dios, reafirmando mi determinación de servirle, así como lo hizo mi abuelo. 
Poco después del funeral del General William Booth, fundador del Ejército de Salvación, alguien oyó al conserje orando en altar, Señor: ¡Hazlo de nuevo! ¡Hazlo de nuevo! Invito a todos los que somos padres a que aspiremos a que cuando pasemos de este mundo, los que nos rodean, especialmente nuestros hijos, puedan decir: Señor: ¡Hazlo de nuevo! ¡Hazlo de nuevo!
¡Bendiciones!

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