LECCIONES DE MI MADRE

Los días de nuestra edad son setenta años; Y si en los más robustos son ochenta años,
Con todo, su fortaleza es molestia y trabajo, Porque pronto pasan, y volamos.

Enséñanos de tal modo a contar nuestros días,
Que traigamos al corazón sabiduría.
Salmos 90:10, 12

Mi madre, Adelaida Alphonse de Jones, falleció en la madrugada del viernes, 14 de Agosto 2015. Ella fue de los robustos que dice el salmista que llegan a los 80 años edad.image-225x300 LECCIONES DE MI MADRE

Pero más allá de su longevidad, lo importante fue la sabiduría con que vivió y el enorme legado que nos dejó. “Enséñanos a tal modo a contar nuestros días que traigamos al corazón sabiduría”.

Me he propuesto que cada crisis que atraviese me deje más fuerte y este momento, por doloroso que sea, no será la excepción. Al analizar lo que he aprendido de los 80 años de vida que Dios le concedió a mi madre encontré muchísimas lecciones, pero por razones de espacio quisiera destacar solo tres:

1. Mi madre enfrentó el dolor con coraje.
Hace 3 años, cuando le diagnosticaron Melioma Múltiple —un cáncer poco común de la médula ósea— nos dijeron que era incurable y que podría tener unos 3 a 5 años más de vida, no más.

Cuando le pregunté después si entendía las implicaciones del diagnóstico, ella me contestó simplemente: “Estoy lista“. Así fue. Su fe sencilla en Dios le permitió enfrentar con paciencia y sin quejarse todo el calvario del tratamiento, los dolores y, finalmente, la muerte.

2. Mi madre dejó un legado enorme como educadora.
En sus últimos meses fui testigo de cómo muchos de sus ex alumnos se acercaban para saludarla y darle las gracias. Igualmente, muchos de los que nos llamaron o asistieron al funeral de celebración de su vida expresaron su aprecio por el impacto que tuvo en sus vidas como docente.

3. Mi madre hizo un gran trabajo como madre y abuela.
Cuando tenía 10 años, mis padres se separaron y madre regresó a Panamá con sus tres 3 hijos. Ella aceptó el reto de criarnos y educarnos sola. A pesar de tener que estudiar y trabajar, encontraba tiempo para estar con nosotros. Uno de los recuerdos más felices de mi infancia fue cuando ella nos llevó a un día de campo en la colina de la Universidad de Panamá. Nos divertimos de lo lindo deslizándonos cuesta abajo sobre pedazos de cartón. No era exactamente un Playland Park, pero la pasamos muy, muy bien.

Luego, cuando llegaron los nietos, ella tuvo influencia poderosa en sus vidas. Ellos sabían que “Bita” —como cariñosamente la llamaban— siempre estaba allí para ellos.

En resumen, el salmista nos dice que debemos orar que Dios nos enseñe a contar nuestros días para traer al corazón sabiduría. Al analizar la vida y legado de mi madre veo, entre muchas otras, estas lecciones: que puedo enfrentar el dolor, el sufrimiento y aun la muerte con coraje. Que también puedo tocar positivamente la vida de otros, especialmente como docente. Que yo también puedo hacer un buen trabajo como padre y como abuelo.

¿Y tú? ¿Cómo contarás los días que te quedan? ¿Cómo aplicarás la sabiduría a tu vida?

¡Bendiciones!

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