¡Nunca Desperdicies una Buena Crisis!

“Dios nos susurra en nuestros placeres, nos habla en nuestra conciencia, pero nos grita en nuestro dolor. El dolor es el megáfono de Dios para despertar a un mundo sordo”. ― C.S. Lewis

En el libro clásico “Good to Great” (De Bueno a Excelente), Jim Collins hace una interesante referencia a una investigación realizada por un Comité Internacional para el estudio de la Victimización. En el análisis se observaron personas que habían sobrevivido a situaciones adversas extremas: pacientes de cáncer en fase terminal, prisioneros de guerra, accidentes aparatosos, etc. Encontraron que los sobrevivientes generalmente podían agruparse en tres categorías: aquellos que quedaban lisiados emocionalmente por el resto de sus vidas, aquellos que volvían a la normalidad, y aquellos que usaban la experiencia como el momento definitorio que los hizo más fuertes.

La conclusión inequívoca es ésta: ¡las experiencias dolorosas bien manejadas son catalizadores de crecimiento!

Para ello es vital aprender a manejar las etapas del luto. Cada vez que enfrentamos un momento de crisis vamos a atravesar estas cinco etapas:

IMG_2719 ¡Nunca Desperdicies una Buena Crisis!Negación: Es rehusar aceptar lo que le está sucediendo. Es básicamente un mecanismo de defensa. Frases típicas: “¡No! ¡No puede ser!” “¡Esto no me puede estar sucediendo a mí!”.

Enojo: Se busca un culpable. El enojo puede volcarse hacia afuera a la persona que consideramos el causante, o hacia adentro a nosotros mismos por no haber visto lo que iba suceder. Es una etapa peligrosa. Hay emociones muy fuertes y se pueden cometer errores graves al tomar decisiones apresuradas.

Depresión: Al fin la realidad de lo sucedido empieza a calar. “Esto sucedió y estoy triste por lo ocurrido y escojo quedarme en este hueco. ¿Qué más da? ¿Para qué seguir?” Es otra etapa peligrosa. Hay emociones negativas muy fuertes y también se corre el peligro de tomar decisiones apresuradas. (Corolario: ¡Nunca tomes decisiones importantes cuando estás en negación, enojo o depresión!).

Aceptación: ¡La vida sigue su curso! El sol va a salir de nuevo mañana. Puedo vivir con esto. Acepto mi nueva realidad y continuo con mi vida como antes.

Crecimiento: No solo acepto lo sucedido y sigo adelante con mi vida sino que saco provecho de la experiencia y crezco como persona.

David es un excelente ejemplo bíblico de alguien que supo navegar estas 5 etapas exitosamente. Por falta de espacio no puedo reproducir esta interesante historia, pero puede leerla aquí: 1 Samuel 30:1-20.

La crisis: (v.1-3) Al regresar a casa, David y sus hombres encuentran sus hogares quemados y sus esposas e hijos secuestrados.

Negación, depresión y enojo: (v.4-6). David y sus hombres lloran a “moco tendido”. David se angustia al escuchar de planes de apedrearlo.

Aceptación: (v. 6-8) En el punto más bajo de su crisis y depresión, David hace lo mejor que puede hacer: ¡consultar a Dios! “Señor: ¿Qué hago?”

Crecimiento: (v.9-20) Con coraje y siguiendo las directrices de Dios, David no sólo recupera a su familia, sino que regresa con un gran botín.

Por su puesto, a nadie le gustan las crisis. La buena noticia es que, si bien no podemos escoger si atravesamos o no una crisis, sí podemos elegir como vamos a enfrentarla. Podemos optar por quedarnos en el pozo de la negación, enojo o depresión; o podemos simplemente resignarnos a volver a la normalidad, o podemos decidir usar esa misma situación como un trampolín al crecimiento. ¡Es un acto de la voluntad y está a nuestro alcance!

Armado con esta información he decidido nunca más desperdiciar una crisis. Me propongo salir de cada adversidad mejor y más fuerte que cuando entré. ¿Y tú?

¡Bendiciones!

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