¿Quién es mi piloto?

20140626-082758-p.m.-73678029 ¿Quién es mi piloto?

¿Cómo te sentirías en cada uno de los siguientes casos?

1. ¡Un terrorista es mi piloto!
¡Qué horror! ¡Otras cosas o personas controlan mi vida! ¡Voy camino a la destrucción y no puedo hacer nada al respecto!

2. ¡Cristo es mi copiloto!
Todos hemos visto calcomanías en los autos con este pensamiento. Pareciera espiritual pero no lo es. ¡Piénselo! Si Cristo es mi copiloto, ¿quien es el piloto? ¡YO! En esencia, lo que estoy diciendo es: “¡Quiero hacer lo que me da la gana y que Dios esté conmigo!” Obviamente, Él nunca aceptará eso.

3. ¡Cristo es mi piloto!
Suena terriblemente espiritual, pero no es real. ¿Alguna vez has montado un avión? ¿Qué hacen los pasajeros para ayudar al piloto a llevar al avión a su destino? ¡Exacto! ¡Nada! Pero la vida real no es así. Sí, Dios quiere guiarnos, pero requiere nuestra participación activa a cada paso. Él jamás anulará nuestra voluntad. Si bien llega un momento en que debemos conscientemente ceder las riendas de nuestra vida a Dios de una vez por todas, no es menos cierto que esa decisión debe mantenerse y ejecutarse día tras día, momento tras momento. Por eso quisiera proponer el siguiente modelo:

4. ¡Cristo es mi torre de control!
Creo que éste es el modelo que más se asemeja a la realidad de lo que debe caracterizar nuestra relación con Él en términos de su dirección.

Primero: necesito estar en el puesto del piloto. En la práctica, eso significa que asumo la responsabilidad de mi propia vida. ¡Basta ya de permitir que otras personas o circunstancias tomen control de mi vida!

Segundo: Una vez en el asiento del piloto, en lugar de depender de mis propios recursos dependo de Él. Proverbios 3:5-6 dice:

Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia.
Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas.

¿Por qué es vital cultivar esta dependencia? Volvamos a la analogía del avión.
La torre de control tiene más información que el piloto. Conoce la realidad de las condiciones atmosféricas, de la pista, y de los otros aviones. Inclusive puede ver partes de mi propio avión que no puedo ver.

La torre de control sólo desea mi bienestar y el de todos.

De igual manera, Dios no sólo tiene toda la información que necesitamos sino que desea usarla para nuestro bienestar. El promete:

“Porque yo sé los pensamientos que tengo acerca de vosotros, dice Jehová, pensamientos de paz, y no de mal, para daros el fin que esperáis.” Jeremías 29:11

La primera vez que presenté este modelo, alguien me dijo: “Hmmm… Suena interesante, pero no me gusta la idea de que Cristo esté dirigiendo mi vida desde afuera”. La respuesta es que este modelo, como cualquier otro, tiene sus limitaciones. No trata de ilustrar nuestra intimidad con Cristo sino nuestra continua dependencia y sumisión a Él. Si ha de haber un feliz viaje, el piloto debe mantener contacto con la torre de control constantemente. Así debe ser nuestra relación con Cristo. Y así como el piloto en cualquier momento puede, a su riesgo, decidir no sujetarse a las instrucciones de la torre de control, de igual manera podemos insensatamente decidir no someternos a Cristo como Señor en nuestras vidas. Muchos lo hacen y ¡por eso se estrellan!

En resumen:
A cada uno de nosotros Dios ha dado un avión llamado vida. También nos ha dado la libertad de elegir lo que vamos a hacer con él. Podemos permitir que otras personas o circunstancias nos lleven a la destrucción. O podemos tomar el control de nuestras vidas y nosotros mismos estrellarlo. Pero, gracias a Dios, también tenemos la opción de someternos a Dios y permitirle guiarnos a puerto seguro. ¿Quieres un buen aterrizaje? ¿Quién será tu piloto?

¡Bendiciones!

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