¡Un punto ciego del tamaño de un elefante!

El Valor de la Sana Confrontación

Nada es más cruel que la indulgencia que abandona a otros a su pecado. Nada es más compasivo que la severa reprensión que llama a otro… de vuelta del camino del pecado. – Dietrich Bonhoeffer

Un punto ciego es como el mal aliento: ¡todo el mundo se da cuenta menos el que lo tiene! Como vimos en un escrito anterior, un punto ciego es un área en nuestras vidas en la que continuamente no vemos la situación de una manera realista.

Así como un buen espejo retrovisor en un automóvil puede ayudar a evitar un accidente fatal, así también es crucial tener buenos “espejos” que nos ayuden a detectar nuestros puntos ciegos. Uno de ellos son las otras personas. Una de las cosas más efectivas que puedes hacer para identificar tus puntos ciegos es abrirte a otra persona de confianza. Puede ser un amigo, padre, cónyuge, pastor o maestro que te conoce bien y que realmente se interesa por ti, lo suficiente como para decirte la verdad… aunque duela.

Esto es especialmente importante si ocupas una posición de liderazgo. Si eres jefe, asegúrate de rodearte de líderes sabios que te digan las cosas como son con honestidad y franqueza. Que no sean un simple eco de tus opiniones, sino que tengan el coraje de decirte las cosas que no quieres escuchar.

El consejo sabio no sólo te puede llevar al éxito sino también evitar el desastre. El rey David tenía por consejero al profeta Natán. Éste tuvo que ayudar a David a ver un punto ciego del tamaño de un elefante que lo estaba llevando a tomar una serie de malas decisiones, una tras otra.

Dios envió a Natán a contarle una historia. Después de escucharla, David se enfureció: ¡Vive Jehová, que el que tal hizo es digno de muerte! Entonces dijo Natán a David: Tú eres aquel hombre… Entonces dijo David a Natán: Pequé contra Jehová. (2Sam. 12:1-13).

20131031-074215-a.m. ¡Un punto ciego del tamaño de un elefante!Nótese como Natán fue sabio, gentil y franco en su confrontación con David. Toma en cuenta que éste era el rey, su jefe, así también necesitó coraje y valor. La historia que Natán le presentó era la de un líder que violó principios y valores que eran importantes para David. Al escucharla, David obtuvo una perspectiva más objetiva y pudo ver las fallas en este personaje ficticio que no podía ver en sí mismo. David tenía un punto ciego. Abrirse a un consejero de confianza le permitió verlo.

Por eso, si eres un líder, es vital que hagas fácil que otros se acerquen a ti, a fin de que seas un mejor líder. A la vez, si eres miembro de un equipo necesitas armarte de humildad, sabiduría y coraje para confrontar a tu “jefe” cuando sea necesario.

Esto requiere una cultura saludable y relaciones saludables. Las organizaciones que valoran las confrontaciones sanas tienen líderes maduros y seguros. Tienen un equipo fundado en la confianza mutua. A falta de una cultura saludable, quizás sea necesario buscar ayuda de afuera, por ejemplo, de un Coach. Pero sin importar tu lugar en la organización, es vital que aprendas a valorar, practicar y promover la sana confrontación.

Recuerda: todos tenemos puntos ciegos y, por lo tanto, necesitamos ayuda. ¿Tendrás el valor de buscarla?

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