La sorprendente lección de Hechos 3 para quienes llevan años viviendo con la misma limitación.
“Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda.”
Hechos 3:6
¿Qué esperaba el cojo aquel día? Exactamente lo mismo que el día anterior, la semana anterior, el año anterior… y durante más de cuarenta años: unas monedas para sobrevivir un día más. Nada más. Cuarenta años viviendo con la misma limitación habían reducido sus expectativas (Hechos 4:22).
¿No nos sucede lo mismo?
Quizás llevas años luchando con una enfermedad, una herida emocional, un matrimonio difícil o una situación económica que parece no cambiar. Tal vez has comenzado a creer que así será siempre. Has aprendido a sobrevivir, pero ya no esperas una verdadera transformación.
Eso era exactamente lo que vivía aquel hombre.
Entonces apareció Pedro y pronunció las palabras que cambiarían todo:
“No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy…”
¿Qué fue lo que Pedro le dio?
No fue dinero. Tampoco fue poder propio, porque más adelante Pedro aclaró que el milagro no ocurrió por su poder ni por su piedad (Hechos 3:12).
Pedro le dio una razón para creer que, en el nombre de Jesucristo, podía intentar lo que jamás había creído posible.
Le dijo: “¡Levántate y anda!” Y, tomándolo de la mano, lo ayudó a dar ese primer paso de fe.
Hoy quiero hacer algo parecido contigo.
No me comparo con Pedro ni pretendo tener su autoridad apostólica. Pero sí quiero animarte a poner tus ojos en el mismo Jesucristo que transformó la vida de aquel hombre.
Tal vez tus limitaciones sean físicas. Quizás sean emocionales, espirituales, familiares o económicas. Cualquiera que sea tu situación, no permitas que los años de lucha definan lo que Dios puede hacer.
Jesús sigue siendo el mismo. Él no ha perdido ni un ápice de Su poder ni de su compasión.
Él vino “a dar buenas nuevas a los pobres… a sanar a los quebrantados de corazón… a poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18).
Hoy quiero prestarte un poco de mi confianza en Jesucristo. Tal vez hoy tú no tengas fuerzas para creer, pero yo sí creo que Él puede intervenir en tu favor. No importa cuáles sean tus limitaciones, cuánto tiempo hayas vivido con ellas o cuán imposible parezca tu situación. La voz de Cristo para ti sigue siendo la misma:
“¡Levántate y anda!”
¡Atrévete a desafía tus limitaciones!
¡Bendiciones!