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¿Quién te dijo eso?

Después que Adán pecó, se escondió de Dios. Cuando Dios lo llamó, Adán respondió: “Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí” (Génesis 3:10).

Entonces Dios le hizo una pregunta profunda: “¿Quién te enseñó que estabas desnudo?” (Génesis 3:11).

En otras palabras, Dios le estaba diciendo: “¿Desde cuándo tu desnudez es un problema?”

El capítulo anterior termina diciendo: “Y estaban ambos desnudos, Adán y su mujer, y no se avergonzaban” (Génesis 2:25). Adán siempre había estado desnudo. No tenía nada que esconder delante de Dios. No tenía nada que esconder delante de Eva. Vivía en libertad, transparencia e inocencia.

Pero ahora algo había cambiado.

El problema no era simplemente que Adán estaba desnudo. El problema era que alguien le había dado una nueva interpretación de su desnudez. Alguien le hizo creer que ahora debía sentir vergüenza, miedo y necesidad de esconderse.

Por eso la pregunta de Dios es tan importante: ¿Quién te dijo eso?

Dios no solo estaba confrontando la conducta de Adán. Estaba confrontando el origen de su creencia.

Y esa sigue siendo una pregunta necesaria para nosotros hoy.

¿Cuántas ideas hemos aceptado como verdad sin detenernos a preguntar de dónde vinieron?

Tal vez has escuchado pensamientos como estos:

  • “No puedes.”
  • “No eres suficiente.”
  • “Dios no te ama.”
  • “Nadie te quiere.”
  • “Nunca vas a cambiar.”
  • “Eres un fracaso.”
  • “Tu vida no tiene propósito.”
  • “Dios no puede usar a alguien como tú.”

Pero antes de aceptar cualquier pensamiento como verdad, debes hacerte una pregunta: ¿Quién me dijo eso?

Porque no todo pensamiento que pasa por tu mente viene de Dios. No toda voz que escuchas merece tu confianza. No toda idea que parece cierta está alineada con la verdad de la Palabra de Dios.

La manera más efectiva de combatir los pensamientos negativos no comienza simplemente tratando de ignorarlos. Comienza identificando su origen.

¿De dónde salió esta idea?
¿Quién me enseñó a verme así?
¿Esto viene de Dios o viene de una mentira?

Y después de identificar la mentira, debemos reemplazarla con la verdad.

Jesús dijo:

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres” (Juan 8:31-32).

La libertad comienza cuando la verdad de Dios confronta la mentira que hemos creído.

Por eso, no basta con decir: “Voy a dejar de pensar así.” Necesitamos reemplazar la mentira con la verdad de la Palabra de Dios.

Por ejemplo:

  • Rechazo el pensamiento: “Dios no me ama”, con la verdad: “Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).
  • Reemplazo la mentira: “No puedo cambiar”, con la verdad: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece” (Filipenses 4:13).
  • Resisto la idea: “Mi vida no tiene propósito”, con la verdad: “Somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas” (Efesios 2:10).

La mentira esclaviza, pero la verdad libera.

La mentira te empuja a esconderte. La verdad te llama a salir a la luz.

La mentira te define por tu vergüenza. La verdad te define por lo que Dios dice de ti.

Por eso, la próxima vez que un pensamiento venga a acusarte, limitarte o alejarte de Dios, no lo aceptes automáticamente. Detente y pregunta:

¿Quién me dijo eso?

Si no viene de Dios, no lo recibas.

Rechaza la mentira y reemplázala con la verdad de Su Palabra. Esta semana identifica un pensamiento que te ha estado limitando, busca lo que Dios dice al respecto, créelo y decláralo.

La verdad de Dios sigue haciendo libres a los que permanecen en Su Palabra.

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Cuando la paz de Dios saca tarjeta roja

 

Hay momentos en un partido donde todo se detiene.

El jugador avanza. La multitud grita. La tensión sube. Pero, de repente, después de una jugada brusca, el árbitro levanta la tarjeta roja.

En ese instante, ya no importa la emoción del jugador, la presión del estadio ni la opinión de la multitud. El árbitro ha decidido: ese jugador no sigue en el partido.

Esa imagen nos ayuda a entender una verdad espiritual muy profunda:

“La paz de Dios gobierne en vuestros corazones…”
Colosenses 3:15

La palabra traducida como “gobierne” lleva la idea de alguien que dirige, decide o arbitra. En otras palabras, Dios quiere que Su paz funcione como un árbitro dentro de tu corazón.

No toda puerta abierta viene de Dios.

Una oferta de trabajo puede aparecer de la nada: más dinero, mejor posición, más beneficios… pero sin paz.

Una relación puede llegar justo cuando te sientes solo: atractiva, disponible, emocionante… pero alejándote de tus valores y de tu caminar con Dios.

Un socio de negocios puede hablar de grandes planes, grandes números y grandes oportunidades… pero sin integridad.

No confundas una puerta abierta con una bendición. A menudo, la diferencia entre una bendición y una trampa es la paz.

Una bendición puede asustarte, porque quizá te reta, te saca de tu zona cómoda o te exige fe. Pero no va a inquietar tu espíritu de una manera profunda.

Una trampa, en cambio, puede emocionarte. Puede parecer perfecta. Puede tener buen aspecto, buen “timing” y buena explicación. Pero algo dentro de ti simplemente no hace “click”.  No se siente bien.

Muchas personas ignoran esa inquietud porque la oportunidad parece demasiado buena como para dejarla pasar. Y así es como algunos terminan en el matrimonio equivocado, el negocio equivocado o el lugar equivocado.

Pero también ocurre lo contrario.

Puede que la oportunidad que estás contemplando esté llena de obstáculos. No todo se ve fácil. No todo está claro. No todo el mundo lo entiende. Sin embargo, en lo profundo de tu corazón hay una paz que no puedes explicar. Una seguridad quieta. Una convicción serena.

Es como si Dios susurrara:

“Este es el camino, andad por él.” Isaías 30:21

 

Ahora bien, la paz de Dios nunca contradice la Palabra de Dios.

No estamos hablando de usar “siento paz” como excusa para desobedecer. La paz de Dios siempre trabaja en armonía con la Escritura, con el carácter de Cristo y con la dirección del Espíritu Santo.

Por eso, antes de caminar por una puerta, no preguntes solamente: “¿Está abierta?”

Pregunta también: “¿Tengo paz?”

Porque no toda oportunidad es una invitación. Algunas son trampas con buena iluminación.

Deja que la paz de Dios sea el árbitro. Y cuando esa paz saque tarjeta roja, no discutas la decisión. Detente.

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Cuidado con los que dicen: “Dios me dijo que te dijera…”

“Dios me dijo que te dijera…”

Probablemente todos hemos escuchado esas palabras alguna vez.

Tal vez vinieron de una persona bien intencionada. Quizás de un líder espiritual. O incluso de un amigo sincero que estaba convencido de que Dios le había dado un mensaje para nosotros.

Pero surge una pregunta importante:

¿Qué debemos hacer cuando alguien afirma hablarnos de parte de Dios?

El peligro de prestar nuestra conciencia a otra persona

Existe una diferencia entre recibir consejo y entregar nuestra responsabilidad de discernir. Dios puede usar a otras personas para animarnos, corregirnos, advertirnos o confirmarnos algo. Vemos ejemplos de esto a lo largo de la Biblia. Sin embargo, Dios nunca espera que suspendamos nuestro juicio espiritual simplemente porque alguien pronunció las palabras: “Dios me dijo”.

Cuando eso ocurre, corremos el riesgo de confundir la voz de Dios con la opinión de una persona. Y esa es una diferencia enorme.

Dios guía, pero no controla

Observe cómo Dios trata a sus hijos en las Escrituras: Él guía. Él convence. Él corrige. Él confirma. Pero no manipula. La voz de Dios produce convicción, no coerción. La dirección de Dios genera fe, no intimidación. Cuando alguien intenta presionarnos usando la autoridad de “Dios me dijo”, debemos proceder con cautela.

La Biblia nos manda a examinar

La repuesta bíblica no es aceptar todo ciegamente ni rechazarlo automáticamente. La reacción bíblica es examinarlo.

La Escritura advierte: “Amados, no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de Dios” (1 Juan 4:1).

También nos exhorta: “Examinadlo todo; retened lo bueno” (1 Tesalonicenses 5:21).

Dios espera que pensemos, evaluemos y discernamos.

La fe bíblica nunca es credulidad ciega.

 

¿Qué hacer cuando alguien dice: “Dios me habló para ti”?

Considere estos cuatro pasos prácticos:

  1. Llévelo a Dios en oración

Ore sinceramente: “Señor, si esto viene de Ti, confírmalo. Si no viene de Ti, muéstramelo.”  No tenga miedo de esperar. Dios no está apurado.

  1. Compárelo con la Escritura

Dios jamás contradice Su Palabra o Su carácter.  Cualquier mensaje que contradiga claramente las Escrituras puede descartarse inmediatamente. La Biblia sigue siendo nuestra autoridad final.

  1. Permita que el tiempo haga su trabajo

Muchas veces la verdad se confirma con el paso del tiempo. No toda decisión requiere una respuesta inmediata. El apuro suele ser mala consejera.

  1. Busque consejo sabio

No personas que intenten controlar su vida. Si no creyentes maduros que te ayuden a acercarte más a Dios, no a depender más de ellos.

Cuando Dios realmente habla

Cuando Dios dirige a Sus hijos, el resultado no es esclavitud sino libertad.  No nos sentimos manipulados. Nos sentimos guiados. No nos sentimos controlados. Nos sentimos llamados.  La voz de Dios nos conduce a Su presencia, fortalece nuestra fe y produce una confianza tranquila que descansa en Él.

Por eso, la próxima vez que alguien diga: “Dios me dijo que te dijera…”, no se deje intimidar por el lenguaje espiritual.

Escuche con respeto. Ore con humildad. Examine cuidadosamente.

Y recuerde: Dios es perfectamente capaz de confirmar Su voluntad a aquellos que sinceramente desean obedecerle.

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¿Cómo puedo saber si Dios me está hablando?

¿Alguna vez has orado por dirección… y luego te has preguntado: “¿Fue Dios… o solo mi imaginación?”

Tal vez estabas frente a una decisión importante.
Tal vez necesitabas dirección urgente.
O quizás simplemente querías estar seguro de que no estabas actuando impulsivamente.

La verdad es que muchísimos creyentes viven con esa misma incertidumbre.

Aman a Dios.
Desean obedecerle.
Pero no saben cómo reconocer Su voz con claridad y confianza.

Y cuando no estamos seguros de cómo Dios guía… terminamos viviendo entre ansiedad, temor y confusión espiritual.

Pero aquí está la buena noticia:
Dios no juega a esconderse con Sus hijos.

EL PROBLEMA

Muchas personas imaginan la dirección de Dios como algo misterioso, confuso o reservado solamente para “cristianos súper espirituales”.

Por eso algunos terminan dependiendo únicamente de:

  • emociones,
  • impulsos,
  • señales extrañas,
  • coincidencias,
  • o impresiones subjetivas.

Otros hacen lo contrario:
Dejan de esperar dirección de Dios por completo porque temen equivocarse.

Pero ninguna de esas dos posturas es bíblica.

Dios desea guiarnos.
Y también desea que aprendamos a discernir Su voz correctamente.

UNA VERDAD BÍBLICA FUNDAMENTAL

La manera principal en que Dios habla es por medio de Su Palabra.

Jesús dijo:

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen.”
— Juan 10:27

Observe algo importante:
Jesús no dijo que Sus ovejas nunca tendrían dudas.
Dijo que Sus ovejas aprenden a reconocer Su voz.

Eso implica crecimiento.
Relación.
Discernimiento.

La voz de Dios nunca contradice la Palabra de Dios.

Por eso, mientras más conocemos las Escrituras:

  • más claridad tenemos,
  • más discernimiento desarrollamos,
  • y menos vulnerables somos al engaño.

Dios puede usar:

  • convicción del Espíritu Santo,
  • paz,
  • consejo sabio,
  • circunstancias,
  • o impresiones internas.

Pero todo debe ser filtrado por la verdad bíblica.

La Biblia es el ancla.

CONEXIÓN PASTORAL

He conocido creyentes sinceros que tomaron malas decisiones porque confundieron emociones intensas con la dirección de Dios.

También he conocido otros que vivían paralizados por miedo a equivocarse.

Pero he descubierto algo:
Dios es un Padre amoroso.

Él no está tratando de confundirnos.
Él desea guiarnos más de lo que nosotros deseamos ser guiados.

Muchas veces el problema no es que Dios no esté hablando…
es que aún estamos aprendiendo a reconocer Su voz.

Y eso toma tiempo, madurez y sensibilidad espiritual.


3 PASOS PRÁCTICOS

1. Sumérgete diariamente en la Palabra de Dios

La voz de Dios será más clara cuando tu mente esté llena de verdad bíblica.

2. Aprende a evaluar impresiones espirituales

No todo pensamiento viene de Dios.
Pregunta:

  • ¿Está alineado con la Escritura?
  • ¿Refleja el carácter de Cristo?
  • ¿Produce obediencia y santidad?

3. Camina cerca de Dios

La claridad espiritual crece en la relación diaria con Él.
La oración, obediencia y comunión desarrollan discernimiento.


LLAMADO A LA ACCIÓN

Si hoy te sientes confundido acerca de la dirección de Dios, no te rindas.

Dios todavía guía a Sus hijos.

Él no solo quiere salvarte…
también quiere dirigirte.

Comienza hoy:

  • abre tu Biblia,
  • busca Su presencia,
  • y aprende a reconocer Su voz con humildad y discernimiento.

Profundiza en este tema en mi libro: “Señor, ¿eres tú o solo soy yo?  Como Escuchar la Voz De Dios con claridad y confianza“.  Disponible en: mateo724.com/ y Amazon (en español e inglés).


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No desentierres con duda lo que sembraste con fe

Imagina a un niño sembrando una semilla… y luego desenterrándola todos los días para ver si está creciendo.  ¿Disfrutará ese niño algún día del fruto? Claro que no.

Sin embargo, muchas veces… hacemos lo mismo espiritualmente.

Nuestra responsabilidad es sembrar la semilla con fe por medio de la oración.  La responsabilidad de Dios es producir la cosecha. Pero a menudo olvidamos que entre la siembra y la cosecha… existe una temporada de espera.

Oramos una vez… y luego entramos en pánico.
Creemos un día… y dudamos al siguiente.
Confiamos en Dios por la mañana… y desenterramos la semilla con temor al caer la noche.

Por eso la Escritura nos advierte que no seamos de doble ánimo — inconstantes, como una ola sacudida por el viento. (Santiago 1:6-7)

La fe siembra la semilla. El temor la vuelve a desenterrar.

Algunas personas nunca experimentan la cosecha que Dios tenía para ellas porque la impaciencia da a luz al temor, la preocupación y la incredulidad.

Así que aquí está el desafío:

No desentierres con duda lo que sembraste con fe.

Tu tarea es permanecer quieto delante del Señor. Eso no significa pasividad ni irresponsabilidad. No significa dejar de actuar sabiamente. Es una postura del corazón. Es confianza paciente. Sigue firme. Sigue creyendo. Sigue regando la semilla con oración.

Y si te das cuenta de que el temor te llevó a desenterrar lo que una vez sembraste con fe, aquí están las buenas noticias: Dios se deleita en la misericordia.

La misericordia no es simplemente algo que Dios hace. La misericordia es parte de quién Él es.

Así que ven honestamente delante de Él y dile:

“Señor, permití que el temor tomara control. Dejé que la duda arrancara lo que la fe había sembrado. Por favor, redime esta situación.”

Entonces… vuelve a sembrar la semilla. Y confía en Él una vez más.

Gálatas 6:9
No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.

Traducido y adaptado de Wealth with God, Jim Baker, 2026

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¿Estancado por miedo a equivocarte con la voz de Dios?

Muchos cristianos sinceros se sienten estancados cuando se trata de oír la voz de Dios con claridad. Creen que Dios habla. Creen que ha hablado por medio de su Palabra, por medio de los profetas y, de manera suprema, por medio de su Hijo. Pero cuando llega el momento de tomar decisiones personales, una pregunta silenciosa surge en el corazón: ¿Cómo sé que realmente es Dios?

Ese temor es más común de lo que parece. Nadie quiere equivocarse. Nadie quiere confundir sus propios pensamientos, emociones o deseos con la dirección del Señor. Y precisamente por ese miedo, muchos permanecen indecisos, inseguros y espiritualmente paralizados.

Pero vivir así es peligroso. La vacilación prolongada roba paz, retrasa obediencia y enfría la sensibilidad espiritual. Hebreos 3:15 dice: “Si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones”. Observe la urgencia de esa palabra: hoy. Dios no nos llama a una vida de confusión permanente, sino a una relación en la que aprendemos a reconocer su voz y responder con fe.

La solución no es esperar una experiencia espectacular, sino acercarnos más a Dios con un corazón rendido, una Biblia abierta y una disposición seria a obedecer. A medida que caminamos con Él, su voz se vuelve más clara, no porque Él cambie, sino porque nuestro oído espiritual madura.

No te resignes a vivir atascado entre el miedo y la duda. Dios no solo quiere salvarte; también quiere guiarte. Aprender a reconocer su voz no es un lujo espiritual. Es una necesidad urgente para todo creyente que desea caminar en obediencia.

Hoy haz esta oración: “Señor, afina mi oído espiritual. Enséñame a reconocer tu voz y dame un corazón dispuesto a seguirte sin demora”.

Si deseas profundizar sobre el tema, ya está disponible en Amazon mi nuevo libro sobre como escuchar la voz de Dios (en Español e Ingles):
Mi nuevo libro sobre cómo escuchar la voz de Dios

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Mi Compromiso Diario con el Gozo

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Hoy es el día que hizo el Señor.
Me gozaré y alegraré en Él.

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1. Mi gozo es un mandato

No es opcional. Mi amante Padre Celestial me lo pide para mi bien porque mi gozo es mi fortaleza, mi salud y mi testimonio.

Él es glorificado cuanto más satisfecho estoy en Él. Por lo tanto, mi respuesta es: ¡SÍ SEÑOR, hoy escojo servirte con alegría!

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2. Mi gozo es una elección

No depende de mis circunstancias, sino de cómo escojo responder a lo que me sucede.

Cristo vino para darme la opción de servirle con gozo. Por ello, hoy escojo ponerme la corona de gloria, el óleo de gozo, el manto de alegría y las vestiduras de salvación que Cristo murió para darme.

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3. Mi gozo es un fruto

No viene de mi esfuerzo, sino de mi relación con el Espíritu Santo, quien me enseña y me capacita a estar contento en cualquier situación.

• Él me guía y capacita para escoger una actitud de gratitud en todo y por todo, en vez
de quejarme por lo que me falta.
• Él me guía y capacita para escoger mantener mis pensamientos en Él, meditando en
• su Palabra,
• su música,
• sus hazañas y
• sus innumerables bendiciones.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”2338″ img_size=”full”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space height=”70px” alter_height=”medium” hide_on_mobile=””][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/4″][vc_single_image image=”2343″ img_size=”full”][/vc_column][vc_column width=”3/4″][vc_column_text]

4. Mi gozo es una perspectiva

Ver las cosas como Dios las ve lo cambia todo. Aun en los momentos
difíciles, puedo escoger «bailar bajo la lluvia» y «caminar sobre el agua»
cuando escojo mantener la perspectiva de que, a
pesar de todo,
• Dios está en control,
• Él lo permite para mi bien, y
• no va a durar para siempre.
Por lo tanto, con su ayuda, escojo salir de esta y cada prueba, más fuerte, sin quejarme y sin «oler a humo».

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space height=”70px” alter_height=”medium” hide_on_mobile=””][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/2″][vc_column_text]

5. Mi gozo requiere resistir al ladrón

Si quiero vivir en gozo debo reconocer que tengo un enemigo y aprender a resistirlo con fe. ¡Él quiere quitarme mi gozo porque le recuerda que soy el favorito de Papá! Pero no puede a menos que yo escoja cooperar con él.

Por lo tanto, hoy escojo guardar mi corazón de actitudes saboteadores del gozo, como:

• rencor y resentimiento,
• culpa y vergüenza,
• duda y temor,
• afán y preocupación y, sobre todo,
• queja y murmuración,

y escojo disfrutar el día de hoy aplicando el «Efecto Potifar»: lo suelto y lo dejo en las manos de Dios.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/2″][vc_single_image image=”2348″ img_size=”full”][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column][vc_empty_space height=”10px” alter_height=”medium” hide_on_mobile=””][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/4″][vc_single_image image=”2351″ img_size=”full”][/vc_column][vc_column width=”3/4″][vc_column_text]

Sí, hoy es el día que hizo el Señor. ¡Me gozaré y me alegraré en él!

[/vc_column_text][/vc_column][/vc_row][vc_row][vc_column width=”1/3″][vc_empty_space height=”10px” alter_height=”medium” hide_on_mobile=””][vc_column_text]

Haga clic aquí para descargar el texto en español.

[/vc_column_text][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_single_image image=”2359″ alignment=”center”][/vc_column][vc_column width=”1/3″][vc_empty_space height=”10px” alter_height=”medium” hide_on_mobile=””][vc_column_text]

Haga clic aquí para descargar el texto en inglés.

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Si No Estás Creciendo Algo Anda Mal. Aquí Está La Solución.

Una de las características que distinguen a los seres vivientes es que crecen y se multiplican.

Si un árbol está creciendo, floreciendo y dando buenos frutos, sabemos que todo va bien. Por el contrario, si no crece, no fructifica o no da frutos buenos, sabemos, sin lugar a dudas, que algo anda mal. (Luc. 6:43).  

Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.  Lucas. 13:6-9

En resumen, según el Señor, lo que hay que hacer para retornar a la senda del crecimiento es: diagnosticar, abonar, darle tiempo y re-evaluar. Veamos cada uno:

1. Diagnosticar: cavar para llegar a la raíz del problema.

Si un árbol no está dando frutos, el problema no está en las hojas o en las ramas.  Está en la raíces.  Para eso hay que excavar para sacarlo a flote y poner al descubierto las causas que impiden el fruto.  A veces pueden actitudes y emociones negativas internas que actúan como parásitos como lo ilustra muy bien esta caricatura: 

Abonar: darle recursos suplementarios.

A veces la falta de crecimiento se debe a que la tierra simplemente no aporta los nutrientes que el árbol require para crecer y fructificar. En esos casos, la solución es simple: darle abono con los ingredientes necesarios. De igual manera, a menudo nuestro crecimiento personal se ve estorbado porque no estamos en un ambiente que propicia el crecimiento. En su libro Las 15 Leyes Invaluables del Crecimiento, John Maxwell afirma que la mayoría de las personas no tienen un entorno que estimula el crecimiento. Un ambiente donde el crecimiento es valorado, modelado y esperado. En esos casos, es necesario ser deliberado en traer “abono” de afuera.

Darle tiempo: un periodo razonable para ponerse a par.

Los cambios duraderos no ocurren de la noche a la mañana. Esto se debe a que para que el cambio sea permanente no sólo debe haber un cambio en las circunstancias externas sino también en las creencias internas. ¡Hay una diferencia entre cambio y transformación! Cuando Israel salió de Egipto hubo un cambio en sus circunstancias: ¡ya no eran esclavos! Pero para la mayoría, la mentalidad de esclavos nunca salió de ellos y por eso nunca llegaron a la tierra prometida.

Re-evaluar: ¿respondió al tratamiento? ¿NO? ¡Córtalo

Hay veces en que aun dándole “abono” y tiempo, la situación sencillamente no mejora. En esos casos hay que armarse de coraje y hacer un corte definitivo con la situación, y rehusar dedicarle más recursos.

El poder del apoyo. Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.  Ecl. 4:9-10

El poder del apoyo.
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. Ecl. 4:9-10

Una cosa es saber lo que hay que hacer, otra es tener los recursos internos para hacerlo. A veces, necesitamos ayuda. Esto es especialmente cierto si hemos estado estancados por mucho tiempo. Aquí es donde entra el poder del coaching. El apoyo de un coach puede traer una perspectiva diferente y una energía que te puede ayudar a navegar por las aguas turbulentas del cambio necesario para salir adelante y retornar a la senda del crecimiento.

Veamos como un coach te puede ayudar en cada uno de los pasos mencionados arriba

  1. Un coach te puede ayudar a sacar a flote las causas internas y externas que impiden tu crecimiento.   
  2. Un coach te puede proveer una estructura de soporte que te dé el ánimo y aliento que necesitas para fructificar.
  3. A través del proceso de rendición de cuentas, un coach te puede proveer la motivación (energía) que necesitas para mantenerte alentado en el tiempo hasta que el nuevo estilo de vida se vuelva un hábito en tu vida.  
  4. Tenlo a mano y fácilmente accesible, de modo que puedas encontrarlo rápidamente sin tanto esfuerzo. Hoy día, con la tecnología al alcance de todos, esto bastante fácil de lograr si se requiere. ¡Te aseguro que valdrá la pena!

¿Qué hay de ti? ¿Estás creciendo? ¿Hay frutos buenos? ¿Consistentemente? ¿Hay algo que estorba? ¿Tienes a alguien en tu esquina que te dé apoyo?


Esta es mi oración por ti:

“Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios“. Col. 1:10.

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¡Tú Eres Valioso para Dios!

¿Alguna vez has sentido que no tienes ninguna habilidad en particular y que, por lo tanto, eres “bueno para nada”, porque no tienes nada valioso que aportar? ¡Dios ve las cosas de una manera muy diferente!

La inspiración para este escrito vino de esta interesante cita:

 La sociedad actual se caracteriza por la orientación al logro y, en consecuencia, adora a las personas exitosas y felices.  Y en particular adora a los jóvenes.  Prácticamente ignora el valor de todos aquellos que son de otra manera, y al hacerlo difumina la diferencia decisiva entre ser valioso en el sentido de dignidad y ser valioso en el sentido de utilidad.

Viktor Frankl, Man’s Search for Meaning  (El Hombre en Busca de Sentido)


Lo que el autor está diciendo es que cada ser humano tiene valor, no en función de lo que puede aportar a la sociedad, sino simplemente ¡porque es un ser humano!

La distinción es importante.  Hoy día, el culto al valor de una persona basado ùnicamente  en su contribución permea de manera inconsciente muchos aspectos de nuestra vida:  En deportes lo llaman MVP (jugador más valioso).  En el cine, los premios “Oscar”.  En las empresas, “Empleado del Mes”.  Los que hacen contribuciones notables a la humanidad son distinguidos con un premio Nobel. 

Por favor, no me malentienda.  De ninguna manera estoy en contra de los que nos han inspirado o  han hecho este mundo un lugar mejor con su desempeño estelar.   Lo que estoy diciendo es que nuestro valor intrínseco como ser humano no depende de ello.  
Dios dice que tú eres valioso:  

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

 Mateo 6:26

Y porque eres valioso para él, Dios se interesa en ti.  Pero su interés no se base en lo que puede sacar de ti, sino simplemente porque fuiste creado a su imagen y semejanza.  Más importante aún, Dios demostró lo valioso que somos para él con hechos: 


Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.  Romanos 5:8
Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.  2 Co. 8:9


En marcado contraste, observe como Satanás, el enemigo de nuestras almas, trata a los suyos.  Tomemos el caso de Judas.   El traidor les hizo el “mandado” a los principales sacerdotes al servir  “en bandeja de plata” a Jesús, entregándolo espaldas del pueblo.  (Lucas 22:3-6)

Pero una vez que estos malvados sacerdotes consiguieron lo que querían, ¿cómo lo trataron?

Entonces Judas… viendo que [Jesús] era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. 

Mateo 27:3-5

¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! ”  ¡Así es como el diablo paga a los que le sirven bien!  ¡Para él, eres valioso solo mientras le seas útil!   Sólo le importa sacarte el jugo para luego desecharte como “chupón” de naranja.

¡Qué diferente es servir al Dios de amor!  ¡Qué diferente es servir al Dios que nos dice “…  No busco lo vuestro, sino a vosotros…”!  2Co. 12:14


Pero ahora veamos la otra cara de la moneda:  

Así como Dios nos ama por lo que somos y no por lo que puede sacar de nosotros, ¿no deberíamos nosotros también amarlo a él de la misma manera?  ¡Cuántas veces lo buscamos por algún favor que queremos obtener:  sanidad, trabajo, una pareja, poder,  “bendición”,  “unción”,  etc, etc!  (Juan 6:26)  ¿Pero cuántas veces lo buscamos a Él por Él? 


Nuevamente, no me malentienda: No estoy diciendo que nunca debemos acudir a Dios para suplir nuestras necesidades, pues de hecho, Él nos invita que lo hagamos (Lucas 11:9).  Pero algo falta en una relación donde una de las partes sólo se acerca  para obtener algo de la otra.  Piénsalo: ¿Cómo te sentirías si tu hijo sólo viniera a ti cuando quiere dinero? 


Moisés lo tenía claro cuando dijo:

 Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.  ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?  

Éxodo 33:15-16


¡Para Moisés la presencia de Dios simplemente no era negociable!   En efecto, estaba diciendo: no quiero bendición, no quiero milagros, no quiero unción, no quiero poder, ni riquezas, ni influencia, te quiero a ti, Señor!

Señor:  Gracias, por el valor que ves en mí.  Una vez más, reitero mi compromiso, gozoso, de ser tú “esclavo”!   Yo puedo entregarme plenamente a un amo que me ama porque ve que algo de valor en mí, no simplemente porque le soy útil por el momento!  Ayúdame también a amarte así.  AMÉN.

Les invito a meditar en la letra de esta hermosa alabanza:  PORQUE TU ME AMASTE

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El valor de un buen consejo

¿Alguna vez te han dado un buen consejo?  ¿No cualquier sugerencia, sino una recomendación que, años después, al mirar hacia atrás,  te das cuenta que marcó una diferencia positiva en tu vida?   Eso le pasó a Moises. 

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“Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo…Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo.”Ex. 18:17-24

Moises, como muchos líderes,  estaba tratando de hacerlo todo sólo.  Eso no era bueno para él, ni para el pueblo.  Jetro lo vio y le dio el sabio consejo de que aprendiera a delegar.  

Afortunadamente para él y el pueblo, Moisés aceptó el consejo con humildad.  Todo el éxito que tuvo al guiar al pueblo de Dios fuera de Egipto no se le había “subido a la cabeza” .  Como resultado, el pueblo recibió la guianza que necesitaba, nuevos líderes surgieron ¡y Moisés pudo descansar!  ¡Ganar/Ganar para todos!

Salomón, el hombre más sabio que jamás ha existido, fue quien más escribió en la Biblia sobre el valor de un buen consejo.  En el libro de Proverbios expresó: 

  • “Oirá el sabio, y aumentará el saber,  y el entendido adquirirá consejo.”  Prov. 1:5
  • “El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio.” Prov. 12:15
  • “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.” Prov. 15:22 
  • “Escucha el consejo, y recibe la corrección, para que seas sabio en tu vejez”. Prov.19:20 
  •  “Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. Prov. 27:17

Claramente, Salomón entendía que la gente exitosa aprende de otra gente exitosa!

¿Qué hay de ti?  ¿Estás abierto a recibir consejos?  ¿Tienes a quien recurrir cuando buscas consejo? ¿Sabes qué buscar en un consejero?

¡Bendiciones!

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