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De quien recibes un consejo es tan importante como el consejo en sí

¿Alguna vez alguien te han dado un “buen” consejo que no resultó tan bueno?   

Es crucial entender que la fuente del consejo es tan importante como el consejo en sí.  

Pregúntale a Roboam.  Él  es un ejemplo perfecto de un líder joven que rechazó un buen consejo y lo pagó con serias consecuencias para sí mismo y la nación que lideraba. 

Cuando el rey Salomón murió, su hijo Roboam heredó su trono y su vasto imperio y riquezas.    El pueblo, cansado de los gravosa política tributaria de Salomón solicitó  al nuevo rey un respiro.  El joven monarca pidió tres días para evaluar la petición.  

Hasta aquí todo bien.  El rey confronta una decisión y en lugar de actuar impulsivamente, prudentemente toma tiempo para  considerar la demanda calmadamente.  ¡Excelente! 

La siguiente medida también fue prudente: consultar con los ancianos que fueron asesores de su padre, quienes le aconsejaron que escuchara el clamor del pueblo.  ¡Muy bien!

Pero, aparentemente, eso no era lo que quería escuchar, así que consultó con los jóvenes de su edad con los que se había criado.  Éstos le dieron un consejo que apelaba a su ego y a la imagen de rey prepotente, poderoso y monarca absoluto que anhelaba proyectar. 

El pueblo regresa al cabo de tres días según lo acordado:   “Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado; y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones…” 1 Reyes 12:13-14. 

Las consecuencias fueron desastrosas:  “Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.”  1 Reyes 12:16.

Así fue como comenzó la división entre el reino del Norte y el reino del Sur en la nación de Israel, que duró por siglos.  Es cierto que la semilla de este desastre la sembró el propio Salomón en sus años de infidelidad en las postrimerías de su vida.  Pero no es menos cierto que el instrumento que facilitó la debacle fue la insensatez de un líder joven que no supo escoger a quien escuchar.

La moraleja de esta triste historia es que de quien recibes consejo es tan importante como el consejo en sí.

¿Qué cualidades debes buscar en un buen mentor o “coach”? Mínimo los siguientes tres: 

  • Integridad irreprochable 
  • capacidad comprobada
  • discernimiento divino

¿Tienes a alguien así en tu esquina?
¡Bendiciones!

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¡Nunca pongas la llave de tu felicidad en el bolsillo de otro!

Parecía que iba a ser un día de clases como cualquier otro, pero cuando llegué a la  U esa mañana me encontré con una agradable sorpresa:  en la puerta de cada salón alguien había pegado notitas tipo “Post-it” de colores con pensamientos sobre la felicidad.  

Sobre la primera puerta leí: “La felicidad no depende de lo que nos falta, sino del buen uso que le damos a lo que tenemos”.  
Sobre la siguiente: “Si la felicidad no llama a tu puerta… ¡comprueba que el timbre funciona!”
¡Me gustó tanto que fui de salón en salón solo para leer estos pequeños “nuggets” de sabiduría!  

Pero  el que más resonó conmigo, no sé porqué,  fue el que pegaron en la puerta de mi salón:  “Nunca pongas la llave de tu felicidad en el bolsillo de otro”.

Quizás porque expresaba de manera sucinta, pero poderosa, una gran verdad que necesitaba escuchar otra vez:  Yo soy responsable de mi propia felicidad.   

Demasiadas veces he permitido que el clima, el estado de ánimo de otras personas, el tráfico,  mis finanzas, mi salud o las circunstancias de la vida controlen  mi paz interior. 

¡Cuántas veces le he echado la culpa a factores externos de algo que estaba –y aún está– totalmente bajo mi control!  No, no puedo controlar las circunstancias ni las acciones de otros, pero siempre puedo controlar mis reacciones a ellas.    (Si quiere ver un ejemplo de este principio en acción en una situación diaria pulse aquí). 

Tu actitud es una elección.  Siempre es una elección.  Y la elección es tuya.    Tú decides cómo vas a responder a lo que sucede a tu alrededor.  El apóstol Pablo nos da la clave de cómo lograrlo: 

“…He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.  Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Filipenses 4:11-13

Pablo había aprendido a no poner la llave de su felicidad en el bolsillo de ninguna persona o circunstancia.  ¿Cómo? Hallando fuerzas en Cristo. 

Supe luego que los “Post-its de Felicidad” fueron  obra de unos estudiantes como parte de un proyecto.  ¡Gracias, queridos estudiantes, por esa bienaventurada iniciativa!  Y gracias, Señor, recordarme de este importante principio de una manera tan especial. 

Tú decides en qué bolsillo vas a poner la llave de tu felicidad.  En cuanto a mí, he decidido que nunca más pondré la mía en el bolsillo de otro”.  ¿Y tú?

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La División Continental de tu Felicidad

¿Por qué unos se desmoronan en una crisis mientras otros prosperan bajo las mismas circunstancias?  ¡La respuesta te sorprenderá!
¡Panamá es un país especial! ¿Sabías que Panamá es uno de los pocos países del mundo donde hay lugares desde donde puedes ver el Océano Atlántico de un lado y el Pacífico del otro?    Uno de esos es el Volcán Barú.  Yo he estado allí.  Es el punto más alto de Panamá y el paisaje, en un día claro, es simplemente espectacular.  

El Volcán Barú está sobre lo que se llama La División Continental.  Ese  es el nombre dado a la gran cadena montañosa de América que se extiende desde Alaska hasta Chile.  Su peculiaridad es que separa, a un lado, las cuencas que desaguan en el Océano Pacífico, y del otro, los ríos que desaguan en el Océano Atlantico.    


Piensa en esto: dos gotas de lluvia separadas 2 pulgadas que caen en lados opuestos de la División Continental tendrán destinos muy diferentes: una terminará en el Atlántico y la otra en el Pacífico.
Nadie está exento de enfrentar momentos difíciles:  Malas noticia de un doctor.  Una relación cercana que termina en separación. Desempleo.  La pérdida de un ser querido.  Un accidente trágico,  etc.  Todos conocemos personas que han enfrentado  situaciones cómo estas y su vida quedó prácticamente destruida.  Pero también hemos visto otras que enfrentaron la misma crisis y ¡no sólo la superaron sino que crecieron a causa de ello!   ¿Por qué unos se desmoronan mientras otros prosperan bajo en peso de la misma crisis?   La respuesta, mi amigo, en sola una palabra, es: ¡elección!   La ”división continental” que determina cómo sales al otro lado de una crisis es una elección.  Tu elección. 

  • Puedes escoger vivir en negación, o…
  • Puedes escoger entregarte a la amargura y al resentimiento, o …
  • Puedes revolcarte en la autocompasion y la depresión, o …
  • Puedes decidir aceptar lo sucedido, dejar el pasado atrás y -como dice mi sobrina Alexandra– “tomar un puente y superarlo”. 
  • Y puedes hacer aún más:  puedes escoger aprender la lección qué hay detrás de cada crisis (Deu. 8:3) y determinar salir aún más fuerte.

El punto es que lo que vas a hacer es una elección.  Siempre es elección. Y  la elección, insisto, es tuya.   
La buena noticia es que no estás solo.  Dios quiere y puede ayudarte a salir de tu crisis más fortalecido si se lo permites.  


“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”

 1 Pedro 5:10


La División Continental de tu felicidad no es cuestión de suerte, “karma” o “destino”.  Es una elección.  Tu elección.  No puedes escoger lo que te sucede pero siempre puedes escoger como vas a responder.  Es una decisión.  Tú decisión.  Siempre. 

En cuanto a mí, he decidido que cada vez que enfrente una dificultad, con la ayuda de Dios, voy a salir al otro lado  más fuerte.  CADA VEZ.  ¿Y tú ?

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Consejo de la Semana: ¡La gente de reacción controlada me impresiona!

Uno de los desafíos más difíciles que cada uno de nosotros enfrenta a diario es aprender a NO reaccionar mal ante otras personas.  Comienza desde el momento en que te despiertas.  Si vives con una familia, es muy fácil dejar que el estado de ánimo matutino de otra persona arruine tu día antes de que realmente haya comenzado.  

Detente y piensa: ¿Alguna vez has permitido que un bebé que llora, un perro que ladra o el mal humor de otro miembro de la familia comience a afectar de inmediato tu propia actitud?  Si no tenemos cuidado, podemos quedar atrapados fácilmente en el estado de ánimo o actitud de otra persona y llegar a ser como ellos.  ¡Debemos decidir con anticipación no dejar que las circunstancias que nos rodean nos controlen, o seguramente fallaremos en esta área de la vida! 

Hace un tiempo, iba almorzar con una de mis hijas.  Cuando llegué al estacionamiento del restaurante, noté que había algunas obras de construcción en marcha que dificultaban un poco el flujo del tráfico.  Como había llegado unos minutos antes, me senté en mi auto trabajando en unos papeles mientras esperaba que llegara mi hija. Mientras trabajaba, noté que un caballero estaba tratando de entrar al estacionamiento, pero se vio obstaculizado por otro automóvil que se detuvo frente al restaurante para que una mujer mayor pudiera bajarse frente a la puerta principal.  También había una mujer con algunos niños en otro automóvil directamente detrás de él.  

En un esfuerzo por darle a la anciana el espacio que necesitaba para salir, el caballero que estaba tratando de estacionar su auto comenzó a retroceder lentamente ya que no tenía a dónde más ir.  La mujer detrás de él comenzó a tocar la bocina con fuerza.  En respuesta, el hombre abrió la puerta de su auto para decirle algo.  Pensé: “¡Uh-oh!  ¡Estoy a punto de presenciar una pelea aquí mismo en el estacionamiento! ” 

Para mi sorpresa, el hombre le dijo amablemente a la mujer en el auto con los niños: “Ya vi que está detrás de mí.  Solo estaba retrocediendo para dejar que la anciana frente a mí saliera de su auto.  Si pudiera retroceder un poco, entonces yo podría retroceder un poco más.  Realmente se lo agradecería ”. Inmediatamente, la mujer comenzó a retroceder para que el caballero pudiera mover su automóvil y la anciana pudo salir de su automóvil sin ninguna dificultad adicional.  En cuestión de segundos, el tráfico comenzó a fluir nuevamente y todo estuvo bien. 

¡Quedé impresionado!  Inmediatamente oré: “¡Querido Señor, por favor, ayúdame a ser más como ese caballero!” Nunca reaccionó mal.  No alzó la voz;  no actuó “molesto”;  no respondió, “¡No me pites!”;  no mostró  ira en lo absoluto.  De hecho, la única actitud que mostró fue completa amabilidad, gentileza y autocontrol.  ¡Actuó como un adulto maduro en lugar de un niño crecido!  Me preguntaba cómo pudo hacer eso.  ¿Cómo pudo permanecer tan tranquilo y sereno cuando estaba bloqueado por delante y por detrás y alguien le tocaba la bocina? 

Como he tenido algo de tiempo para reflexionar sobre esa situación, creo que el caballero no esperó hasta estar en medio de esa confrontación para decidir cómo iba a responder.  Debe haber “planeado previamente” no dejar que las circunstancias y los acontecimientos de la vida le hicieran perder la paz.  Y de eso se trata realmente este Consejo de la Semana.  

Una vez escuché a alguien decir: “Lo que sucede a nuestro alrededor palidece en comparación con lo que sucede dentro de nosotros todos los días”. ¡Ay!  No quiero ser una persona reaccionaria.  No quiero dejar que el clima, el estado de ánimo de otras personas, el tráfico, mis parientes, mis amigos, mis socios comerciales, mis amigos de la iglesia, mis finanzas, mi salud o las circunstancias de la vida controlen mi paz interior.  Quiero ser una persona gentil, amable y reflexiva, independientemente de lo que ocurra a mi alrededor.  Además, he aprendido que tener una actitud podrida hace muy poco para ayudar a mejorar las circunstancias.  De hecho, a menudo empeora las cosas.  

¿Qué hay de ti?  ¿Eres una persona reaccionaria?  ¿Determinas cómo te comportarás y actuarás con otras personas en función de las cosas que te dicen y te hacen?  ¡Esto es un desafío! Este consejo de la semana es una de las lecciones más importantes que cualquiera de nosotros puede aprender.  Es muy fácil dejar que las circunstancias externas controlen nuestra paz interior.  Pero no tiene que ser asi.  Independientemente de las circunstancias externas, podemos elegir tener un espíritu alegre y una actitud no reaccionaria hacia otras personas.  Si hacemos eso, no solo impresionará a quienes nos rodean, como lo hizo por mí el caballero que estaba estacionando su automóvil, sino que también reducirá nuestro propio estrés personal y aumentará nuestra propia productividad. 

Estoy agradecido por ese caballero en el estacionamiento que demostró tan bien lo que significa mantener su paz interior ante una situación tensa.  Podría haber respondido de muchas maneras desagradables, pero decidió no reaccionar mal.  ¡Fue realmente impresionante!  Sé que eso es lo que quiero para mi vida y estoy seguro de que tú también. 

Consejo de la semana: ¡Las personas que no reaccionan mal me impresionan! 

¡Qué tengas una linda semana!  ¡Dios te bendiga! 

Dr. Robert A. Rohm


Traducido con permiso de Personality Insights, Inc. Para suscribirse al “Consejo de la semana” gratuito, visite http://www.personalityinsights.com y reciba el consejo semanal del Dr. Rohm todos los lunes por la mañana.

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Nunca confundas tu identidad con tu desempeño

Como profesor uno de mis desafíos  más grandes es tratar de enseñar a estudiantes que justifican sus bajas calificaciones diciendo: “¡Es que SOY malo para las matemáticas!”
Esa frase conlleva una de las mentiras más generalizadas que todos nos hemos tragado:  somos lo que hacemos.  

Nótese lo que se está diciendo:  Que con base a sus experiencias pasadas –su desempeño– esta persona considera que es – en su identidad – malo para las matemáticas.  Yo les digo lo que te estoy diciendo a ti: Nunca confundas tu identidad con tu desempeño.  
Cuando atamos nuestro identidad a nuestro desempeño, estamos abrochando el cinturón de seguridad de nuestra autoestima al asiento de una montaña rusa de incertidumbre.  Cuando todo va bien y hacemos las cosas con excelencia nos sentimos bien con nosotros mismos y nuestra autoestima está por las nube.  Levantamos las manos y gritamos eufóricos: “¡Soy exitoso!”.  

 Pero tarde o temprano, llegará el día en que nuestro desempeño será menos que excelente  y nuestro sentido de autovalía se desplomará suspirando: “Soy un fracaso”.   Si basamos nuestra identidad en nuestras carreras, nuestros logros, nuestras posesiones, nuestros roles, nuestros talentos y nuestras relaciones, o el aplauso de otros, tarde o temprano sucederá algo que lo sacudirá. 


Un árbol no está enraizado en sí mismo sino en el suelo.  Asímismo, si vamos a tener una identidad segura necesitamos construir nuestra identidad sobre algo fuera de nosotros mismos.  Algo más grande que nosotros.  Algo que sea inamovible.  
Gracias a Dios, existe tal fundamento:  El Señor Jesús dijo:

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.  Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”. Mateo 7:24-25


Observe que Jesús comenzó diciendo: “Cualquiera…”  ¡Eso te incluye a ti! Su promesa es que si  basas lo eres en lo que Él dice, entonces sea que fracases o tengas éxito, sea que tengas posesiones materiales o los pierdas,  sea que te aplaudan o abuchean, tu identidad permanecerá  intacta.  ¡Wow!


Imagina mirarte en el espejo y en vez de repasar en tu mente esos gastados refranes sobre sus defectos y fracasos, te miras a los ojos y dices con firmeza:  

“El fracaso es un evento.  No una persona.  

Dios dice que soy una creación admirable!  (Salmo 139:14)

¡Dios dice que me ama!  (Jer. 31: 3)

¡Y que me ama tal como soy! (Rom. 5:8)

¡Él me ha dicho que soy valioso para él!  (Mt. 10:31)

¡Y que soy más que vencedor por medio de Cristo! (Rom. 8:37)! “ 

¿Puedes ver el efecto liberador que eso tendría en tu vida? 

Te invito a hacer una oración sencilla: Señor: abre mis ojos para ver lo que tú ves cuando me miras.  Me cuesta verme a mi mismo como algo digno de que dieras tu vida por mí y no quiero seguir así.   Afírmame con tu amor.  Fortaléceme con tu amor inquebrantable”.  Amén.

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