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Si No Estás Creciendo Algo Anda Mal. Aquí Está La Solución.

Una de las características que distinguen a los seres vivientes es que crecen y se multiplican.

Si un árbol está creciendo, floreciendo y dando buenos frutos, sabemos que todo va bien. Por el contrario, si no crece, no fructifica o no da frutos buenos, sabemos, sin lugar a dudas, que algo anda mal. (Luc. 6:43).  

Dijo también esta parábola: Tenía un hombre una higuera plantada en su viña, y vino a buscar fruto en ella, y no lo halló. Y dijo al viñador: He aquí, hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo hallo; córtala; ¿para qué inutiliza también la tierra? Él entonces, respondiendo, le dijo: Señor, déjala todavía este año, hasta que yo cave alrededor de ella, y la abone. Y si diere fruto, bien; y si no, la cortarás después.  Lucas. 13:6-9

En resumen, según el Señor, lo que hay que hacer para retornar a la senda del crecimiento es: diagnosticar, abonar, darle tiempo y re-evaluar. Veamos cada uno:

1. Diagnosticar: cavar para llegar a la raíz del problema.

Si un árbol no está dando frutos, el problema no está en las hojas o en las ramas.  Está en la raíces.  Para eso hay que excavar para sacarlo a flote y poner al descubierto las causas que impiden el fruto.  A veces pueden actitudes y emociones negativas internas que actúan como parásitos como lo ilustra muy bien esta caricatura: 

Abonar: darle recursos suplementarios.

A veces la falta de crecimiento se debe a que la tierra simplemente no aporta los nutrientes que el árbol require para crecer y fructificar. En esos casos, la solución es simple: darle abono con los ingredientes necesarios. De igual manera, a menudo nuestro crecimiento personal se ve estorbado porque no estamos en un ambiente que propicia el crecimiento. En su libro Las 15 Leyes Invaluables del Crecimiento, John Maxwell afirma que la mayoría de las personas no tienen un entorno que estimula el crecimiento. Un ambiente donde el crecimiento es valorado, modelado y esperado. En esos casos, es necesario ser deliberado en traer “abono” de afuera.

Darle tiempo: un periodo razonable para ponerse a par.

Los cambios duraderos no ocurren de la noche a la mañana. Esto se debe a que para que el cambio sea permanente no sólo debe haber un cambio en las circunstancias externas sino también en las creencias internas. ¡Hay una diferencia entre cambio y transformación! Cuando Israel salió de Egipto hubo un cambio en sus circunstancias: ¡ya no eran esclavos! Pero para la mayoría, la mentalidad de esclavos nunca salió de ellos y por eso nunca llegaron a la tierra prometida.

Re-evaluar: ¿respondió al tratamiento? ¿NO? ¡Córtalo

Hay veces en que aun dándole “abono” y tiempo, la situación sencillamente no mejora. En esos casos hay que armarse de coraje y hacer un corte definitivo con la situación, y rehusar dedicarle más recursos.

El poder del apoyo. Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.  Ecl. 4:9-10

El poder del apoyo.
Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. Ecl. 4:9-10

Una cosa es saber lo que hay que hacer, otra es tener los recursos internos para hacerlo. A veces, necesitamos ayuda. Esto es especialmente cierto si hemos estado estancados por mucho tiempo. Aquí es donde entra el poder del coaching. El apoyo de un coach puede traer una perspectiva diferente y una energía que te puede ayudar a navegar por las aguas turbulentas del cambio necesario para salir adelante y retornar a la senda del crecimiento.

Veamos como un coach te puede ayudar en cada uno de los pasos mencionados arriba

  1. Un coach te puede ayudar a sacar a flote las causas internas y externas que impiden tu crecimiento.   
  2. Un coach te puede proveer una estructura de soporte que te dé el ánimo y aliento que necesitas para fructificar.
  3. A través del proceso de rendición de cuentas, un coach te puede proveer la motivación (energía) que necesitas para mantenerte alentado en el tiempo hasta que el nuevo estilo de vida se vuelva un hábito en tu vida.  
  4. Tenlo a mano y fácilmente accesible, de modo que puedas encontrarlo rápidamente sin tanto esfuerzo. Hoy día, con la tecnología al alcance de todos, esto bastante fácil de lograr si se requiere. ¡Te aseguro que valdrá la pena!

¿Qué hay de ti? ¿Estás creciendo? ¿Hay frutos buenos? ¿Consistentemente? ¿Hay algo que estorba? ¿Tienes a alguien en tu esquina que te dé apoyo?


Esta es mi oración por ti:

“Para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios“. Col. 1:10.

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¡Tú Eres Valioso para Dios!

¿Alguna vez has sentido que no tienes ninguna habilidad en particular y que, por lo tanto, eres “bueno para nada”, porque no tienes nada valioso que aportar? ¡Dios ve las cosas de una manera muy diferente!

La inspiración para este escrito vino de esta interesante cita:

 La sociedad actual se caracteriza por la orientación al logro y, en consecuencia, adora a las personas exitosas y felices.  Y en particular adora a los jóvenes.  Prácticamente ignora el valor de todos aquellos que son de otra manera, y al hacerlo difumina la diferencia decisiva entre ser valioso en el sentido de dignidad y ser valioso en el sentido de utilidad.

Viktor Frankl, Man’s Search for Meaning  (El Hombre en Busca de Sentido)


Lo que el autor está diciendo es que cada ser humano tiene valor, no en función de lo que puede aportar a la sociedad, sino simplemente ¡porque es un ser humano!

La distinción es importante.  Hoy día, el culto al valor de una persona basado ùnicamente  en su contribución permea de manera inconsciente muchos aspectos de nuestra vida:  En deportes lo llaman MVP (jugador más valioso).  En el cine, los premios “Oscar”.  En las empresas, “Empleado del Mes”.  Los que hacen contribuciones notables a la humanidad son distinguidos con un premio Nobel. 

Por favor, no me malentienda.  De ninguna manera estoy en contra de los que nos han inspirado o  han hecho este mundo un lugar mejor con su desempeño estelar.   Lo que estoy diciendo es que nuestro valor intrínseco como ser humano no depende de ello.  
Dios dice que tú eres valioso:  

Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?

 Mateo 6:26

Y porque eres valioso para él, Dios se interesa en ti.  Pero su interés no se base en lo que puede sacar de ti, sino simplemente porque fuiste creado a su imagen y semejanza.  Más importante aún, Dios demostró lo valioso que somos para él con hechos: 


Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.  Romanos 5:8
Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.  2 Co. 8:9


En marcado contraste, observe como Satanás, el enemigo de nuestras almas, trata a los suyos.  Tomemos el caso de Judas.   El traidor les hizo el “mandado” a los principales sacerdotes al servir  “en bandeja de plata” a Jesús, entregándolo espaldas del pueblo.  (Lucas 22:3-6)

Pero una vez que estos malvados sacerdotes consiguieron lo que querían, ¿cómo lo trataron?

Entonces Judas… viendo que [Jesús] era condenado, devolvió arrepentido las treinta piezas de plata a los principales sacerdotes y a los ancianos, diciendo: Yo he pecado entregando sangre inocente. Mas ellos dijeron: ¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! Y arrojando las piezas de plata en el templo, salió, y fue y se ahorcó. 

Mateo 27:3-5

¿Qué nos importa a nosotros? ¡Allá tú! ”  ¡Así es como el diablo paga a los que le sirven bien!  ¡Para él, eres valioso solo mientras le seas útil!   Sólo le importa sacarte el jugo para luego desecharte como “chupón” de naranja.

¡Qué diferente es servir al Dios de amor!  ¡Qué diferente es servir al Dios que nos dice “…  No busco lo vuestro, sino a vosotros…”!  2Co. 12:14


Pero ahora veamos la otra cara de la moneda:  

Así como Dios nos ama por lo que somos y no por lo que puede sacar de nosotros, ¿no deberíamos nosotros también amarlo a él de la misma manera?  ¡Cuántas veces lo buscamos por algún favor que queremos obtener:  sanidad, trabajo, una pareja, poder,  “bendición”,  “unción”,  etc, etc!  (Juan 6:26)  ¿Pero cuántas veces lo buscamos a Él por Él? 


Nuevamente, no me malentienda: No estoy diciendo que nunca debemos acudir a Dios para suplir nuestras necesidades, pues de hecho, Él nos invita que lo hagamos (Lucas 11:9).  Pero algo falta en una relación donde una de las partes sólo se acerca  para obtener algo de la otra.  Piénsalo: ¿Cómo te sentirías si tu hijo sólo viniera a ti cuando quiere dinero? 


Moisés lo tenía claro cuando dijo:

 Si tu presencia no ha de ir conmigo, no nos saques de aquí.  ¿Y en qué se conocerá aquí que he hallado gracia en tus ojos, yo y tu pueblo, sino en que tú andes con nosotros, y que yo y tu pueblo seamos apartados de todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra?  

Éxodo 33:15-16


¡Para Moisés la presencia de Dios simplemente no era negociable!   En efecto, estaba diciendo: no quiero bendición, no quiero milagros, no quiero unción, no quiero poder, ni riquezas, ni influencia, te quiero a ti, Señor!

Señor:  Gracias, por el valor que ves en mí.  Una vez más, reitero mi compromiso, gozoso, de ser tú “esclavo”!   Yo puedo entregarme plenamente a un amo que me ama porque ve que algo de valor en mí, no simplemente porque le soy útil por el momento!  Ayúdame también a amarte así.  AMÉN.

Les invito a meditar en la letra de esta hermosa alabanza:  PORQUE TU ME AMASTE

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El valor de un buen consejo

¿Alguna vez te han dado un buen consejo?  ¿No cualquier sugerencia, sino una recomendación que, años después, al mirar hacia atrás,  te das cuenta que marcó una diferencia positiva en tu vida?   Eso le pasó a Moises. 

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“Entonces el suegro de Moisés le dijo: No está bien lo que haces. Desfallecerás del todo, tú, y también este pueblo que está contigo; porque el trabajo es demasiado pesado para ti; no podrás hacerlo tú solo. Oye ahora mi voz; yo te aconsejaré, y Dios estará contigo…Y oyó Moisés la voz de su suegro, e hizo todo lo que dijo.”Ex. 18:17-24

Moises, como muchos líderes,  estaba tratando de hacerlo todo sólo.  Eso no era bueno para él, ni para el pueblo.  Jetro lo vio y le dio el sabio consejo de que aprendiera a delegar.  

Afortunadamente para él y el pueblo, Moisés aceptó el consejo con humildad.  Todo el éxito que tuvo al guiar al pueblo de Dios fuera de Egipto no se le había “subido a la cabeza” .  Como resultado, el pueblo recibió la guianza que necesitaba, nuevos líderes surgieron ¡y Moisés pudo descansar!  ¡Ganar/Ganar para todos!

Salomón, el hombre más sabio que jamás ha existido, fue quien más escribió en la Biblia sobre el valor de un buen consejo.  En el libro de Proverbios expresó: 

  • “Oirá el sabio, y aumentará el saber,  y el entendido adquirirá consejo.”  Prov. 1:5
  • “El camino del necio es derecho en su opinión; mas el que obedece al consejo es sabio.” Prov. 12:15
  • “Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman.” Prov. 15:22 
  • “Escucha el consejo, y recibe la corrección, para que seas sabio en tu vejez”. Prov.19:20 
  •  “Hierro con hierro se aguza; Y así el hombre aguza el rostro de su amigo”. Prov. 27:17

Claramente, Salomón entendía que la gente exitosa aprende de otra gente exitosa!

¿Qué hay de ti?  ¿Estás abierto a recibir consejos?  ¿Tienes a quien recurrir cuando buscas consejo? ¿Sabes qué buscar en un consejero?

¡Bendiciones!

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De quien recibes un consejo es tan importante como el consejo en sí

¿Alguna vez alguien te han dado un “buen” consejo que no resultó tan bueno?   

Es crucial entender que la fuente del consejo es tan importante como el consejo en sí.  

Pregúntale a Roboam.  Él  es un ejemplo perfecto de un líder joven que rechazó un buen consejo y lo pagó con serias consecuencias para sí mismo y la nación que lideraba. 

Cuando el rey Salomón murió, su hijo Roboam heredó su trono y su vasto imperio y riquezas.    El pueblo, cansado de los gravosa política tributaria de Salomón solicitó  al nuevo rey un respiro.  El joven monarca pidió tres días para evaluar la petición.  

Hasta aquí todo bien.  El rey confronta una decisión y en lugar de actuar impulsivamente, prudentemente toma tiempo para  considerar la demanda calmadamente.  ¡Excelente! 

La siguiente medida también fue prudente: consultar con los ancianos que fueron asesores de su padre, quienes le aconsejaron que escuchara el clamor del pueblo.  ¡Muy bien!

Pero, aparentemente, eso no era lo que quería escuchar, así que consultó con los jóvenes de su edad con los que se había criado.  Éstos le dieron un consejo que apelaba a su ego y a la imagen de rey prepotente, poderoso y monarca absoluto que anhelaba proyectar. 

El pueblo regresa al cabo de tres días según lo acordado:   “Y el rey respondió al pueblo duramente, dejando el consejo que los ancianos le habían dado; y les habló conforme al consejo de los jóvenes, diciendo: Mi padre agravó vuestro yugo, pero yo añadiré a vuestro yugo; mi padre os castigó con azotes, mas yo os castigaré con escorpiones…” 1 Reyes 12:13-14. 

Las consecuencias fueron desastrosas:  “Cuando todo el pueblo vio que el rey no les había oído, le respondió estas palabras, diciendo: ¿Qué parte tenemos nosotros con David? No tenemos heredad en el hijo de Isaí. ¡Israel, a tus tiendas! ¡Provee ahora en tu casa, David! Entonces Israel se fue a sus tiendas.”  1 Reyes 12:16.

Así fue como comenzó la división entre el reino del Norte y el reino del Sur en la nación de Israel, que duró por siglos.  Es cierto que la semilla de este desastre la sembró el propio Salomón en sus años de infidelidad en las postrimerías de su vida.  Pero no es menos cierto que el instrumento que facilitó la debacle fue la insensatez de un líder joven que no supo escoger a quien escuchar.

La moraleja de esta triste historia es que de quien recibes consejo es tan importante como el consejo en sí.

¿Qué cualidades debes buscar en un buen mentor o “coach”? Mínimo los siguientes tres: 

  • Integridad irreprochable 
  • capacidad comprobada
  • discernimiento divino

¿Tienes a alguien así en tu esquina?
¡Bendiciones!

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¡Nunca pongas la llave de tu felicidad en el bolsillo de otro!

Parecía que iba a ser un día de clases como cualquier otro, pero cuando llegué a la  U esa mañana me encontré con una agradable sorpresa:  en la puerta de cada salón alguien había pegado notitas tipo “Post-it” de colores con pensamientos sobre la felicidad.  

Sobre la primera puerta leí: “La felicidad no depende de lo que nos falta, sino del buen uso que le damos a lo que tenemos”.  
Sobre la siguiente: “Si la felicidad no llama a tu puerta… ¡comprueba que el timbre funciona!”
¡Me gustó tanto que fui de salón en salón solo para leer estos pequeños “nuggets” de sabiduría!  

Pero  el que más resonó conmigo, no sé porqué,  fue el que pegaron en la puerta de mi salón:  “Nunca pongas la llave de tu felicidad en el bolsillo de otro”.

Quizás porque expresaba de manera sucinta, pero poderosa, una gran verdad que necesitaba escuchar otra vez:  Yo soy responsable de mi propia felicidad.   

Demasiadas veces he permitido que el clima, el estado de ánimo de otras personas, el tráfico,  mis finanzas, mi salud o las circunstancias de la vida controlen  mi paz interior. 

¡Cuántas veces le he echado la culpa a factores externos de algo que estaba –y aún está– totalmente bajo mi control!  No, no puedo controlar las circunstancias ni las acciones de otros, pero siempre puedo controlar mis reacciones a ellas.    (Si quiere ver un ejemplo de este principio en acción en una situación diaria pulse aquí). 

Tu actitud es una elección.  Siempre es una elección.  Y la elección es tuya.    Tú decides cómo vas a responder a lo que sucede a tu alrededor.  El apóstol Pablo nos da la clave de cómo lograrlo: 

“…He aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación.  Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad.  Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.  Filipenses 4:11-13

Pablo había aprendido a no poner la llave de su felicidad en el bolsillo de ninguna persona o circunstancia.  ¿Cómo? Hallando fuerzas en Cristo. 

Supe luego que los “Post-its de Felicidad” fueron  obra de unos estudiantes como parte de un proyecto.  ¡Gracias, queridos estudiantes, por esa bienaventurada iniciativa!  Y gracias, Señor, recordarme de este importante principio de una manera tan especial. 

Tú decides en qué bolsillo vas a poner la llave de tu felicidad.  En cuanto a mí, he decidido que nunca más pondré la mía en el bolsillo de otro”.  ¿Y tú?

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La División Continental de tu Felicidad

¿Por qué unos se desmoronan en una crisis mientras otros prosperan bajo las mismas circunstancias?  ¡La respuesta te sorprenderá!
¡Panamá es un país especial! ¿Sabías que Panamá es uno de los pocos países del mundo donde hay lugares desde donde puedes ver el Océano Atlántico de un lado y el Pacífico del otro?    Uno de esos es el Volcán Barú.  Yo he estado allí.  Es el punto más alto de Panamá y el paisaje, en un día claro, es simplemente espectacular.  

El Volcán Barú está sobre lo que se llama La División Continental.  Ese  es el nombre dado a la gran cadena montañosa de América que se extiende desde Alaska hasta Chile.  Su peculiaridad es que separa, a un lado, las cuencas que desaguan en el Océano Pacífico, y del otro, los ríos que desaguan en el Océano Atlantico.    


Piensa en esto: dos gotas de lluvia separadas 2 pulgadas que caen en lados opuestos de la División Continental tendrán destinos muy diferentes: una terminará en el Atlántico y la otra en el Pacífico.
Nadie está exento de enfrentar momentos difíciles:  Malas noticia de un doctor.  Una relación cercana que termina en separación. Desempleo.  La pérdida de un ser querido.  Un accidente trágico,  etc.  Todos conocemos personas que han enfrentado  situaciones cómo estas y su vida quedó prácticamente destruida.  Pero también hemos visto otras que enfrentaron la misma crisis y ¡no sólo la superaron sino que crecieron a causa de ello!   ¿Por qué unos se desmoronan mientras otros prosperan bajo en peso de la misma crisis?   La respuesta, mi amigo, en sola una palabra, es: ¡elección!   La ”división continental” que determina cómo sales al otro lado de una crisis es una elección.  Tu elección. 

  • Puedes escoger vivir en negación, o…
  • Puedes escoger entregarte a la amargura y al resentimiento, o …
  • Puedes revolcarte en la autocompasion y la depresión, o …
  • Puedes decidir aceptar lo sucedido, dejar el pasado atrás y -como dice mi sobrina Alexandra– “tomar un puente y superarlo”. 
  • Y puedes hacer aún más:  puedes escoger aprender la lección qué hay detrás de cada crisis (Deu. 8:3) y determinar salir aún más fuerte.

El punto es que lo que vas a hacer es una elección.  Siempre es elección. Y  la elección, insisto, es tuya.   
La buena noticia es que no estás solo.  Dios quiere y puede ayudarte a salir de tu crisis más fortalecido si se lo permites.  


“Mas el Dios de toda gracia, que nos llamó a su gloria eterna en Jesucristo, después que hayáis padecido un poco de tiempo, él mismo os perfeccione, afirme, fortalezca y establezca.”

 1 Pedro 5:10


La División Continental de tu felicidad no es cuestión de suerte, “karma” o “destino”.  Es una elección.  Tu elección.  No puedes escoger lo que te sucede pero siempre puedes escoger como vas a responder.  Es una decisión.  Tú decisión.  Siempre. 

En cuanto a mí, he decidido que cada vez que enfrente una dificultad, con la ayuda de Dios, voy a salir al otro lado  más fuerte.  CADA VEZ.  ¿Y tú ?

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Consejo de la Semana: ¡La gente de reacción controlada me impresiona!

Uno de los desafíos más difíciles que cada uno de nosotros enfrenta a diario es aprender a NO reaccionar mal ante otras personas.  Comienza desde el momento en que te despiertas.  Si vives con una familia, es muy fácil dejar que el estado de ánimo matutino de otra persona arruine tu día antes de que realmente haya comenzado.  

Detente y piensa: ¿Alguna vez has permitido que un bebé que llora, un perro que ladra o el mal humor de otro miembro de la familia comience a afectar de inmediato tu propia actitud?  Si no tenemos cuidado, podemos quedar atrapados fácilmente en el estado de ánimo o actitud de otra persona y llegar a ser como ellos.  ¡Debemos decidir con anticipación no dejar que las circunstancias que nos rodean nos controlen, o seguramente fallaremos en esta área de la vida! 

Hace un tiempo, iba almorzar con una de mis hijas.  Cuando llegué al estacionamiento del restaurante, noté que había algunas obras de construcción en marcha que dificultaban un poco el flujo del tráfico.  Como había llegado unos minutos antes, me senté en mi auto trabajando en unos papeles mientras esperaba que llegara mi hija. Mientras trabajaba, noté que un caballero estaba tratando de entrar al estacionamiento, pero se vio obstaculizado por otro automóvil que se detuvo frente al restaurante para que una mujer mayor pudiera bajarse frente a la puerta principal.  También había una mujer con algunos niños en otro automóvil directamente detrás de él.  

En un esfuerzo por darle a la anciana el espacio que necesitaba para salir, el caballero que estaba tratando de estacionar su auto comenzó a retroceder lentamente ya que no tenía a dónde más ir.  La mujer detrás de él comenzó a tocar la bocina con fuerza.  En respuesta, el hombre abrió la puerta de su auto para decirle algo.  Pensé: “¡Uh-oh!  ¡Estoy a punto de presenciar una pelea aquí mismo en el estacionamiento! ” 

Para mi sorpresa, el hombre le dijo amablemente a la mujer en el auto con los niños: “Ya vi que está detrás de mí.  Solo estaba retrocediendo para dejar que la anciana frente a mí saliera de su auto.  Si pudiera retroceder un poco, entonces yo podría retroceder un poco más.  Realmente se lo agradecería ”. Inmediatamente, la mujer comenzó a retroceder para que el caballero pudiera mover su automóvil y la anciana pudo salir de su automóvil sin ninguna dificultad adicional.  En cuestión de segundos, el tráfico comenzó a fluir nuevamente y todo estuvo bien. 

¡Quedé impresionado!  Inmediatamente oré: “¡Querido Señor, por favor, ayúdame a ser más como ese caballero!” Nunca reaccionó mal.  No alzó la voz;  no actuó “molesto”;  no respondió, “¡No me pites!”;  no mostró  ira en lo absoluto.  De hecho, la única actitud que mostró fue completa amabilidad, gentileza y autocontrol.  ¡Actuó como un adulto maduro en lugar de un niño crecido!  Me preguntaba cómo pudo hacer eso.  ¿Cómo pudo permanecer tan tranquilo y sereno cuando estaba bloqueado por delante y por detrás y alguien le tocaba la bocina? 

Como he tenido algo de tiempo para reflexionar sobre esa situación, creo que el caballero no esperó hasta estar en medio de esa confrontación para decidir cómo iba a responder.  Debe haber “planeado previamente” no dejar que las circunstancias y los acontecimientos de la vida le hicieran perder la paz.  Y de eso se trata realmente este Consejo de la Semana.  

Una vez escuché a alguien decir: “Lo que sucede a nuestro alrededor palidece en comparación con lo que sucede dentro de nosotros todos los días”. ¡Ay!  No quiero ser una persona reaccionaria.  No quiero dejar que el clima, el estado de ánimo de otras personas, el tráfico, mis parientes, mis amigos, mis socios comerciales, mis amigos de la iglesia, mis finanzas, mi salud o las circunstancias de la vida controlen mi paz interior.  Quiero ser una persona gentil, amable y reflexiva, independientemente de lo que ocurra a mi alrededor.  Además, he aprendido que tener una actitud podrida hace muy poco para ayudar a mejorar las circunstancias.  De hecho, a menudo empeora las cosas.  

¿Qué hay de ti?  ¿Eres una persona reaccionaria?  ¿Determinas cómo te comportarás y actuarás con otras personas en función de las cosas que te dicen y te hacen?  ¡Esto es un desafío! Este consejo de la semana es una de las lecciones más importantes que cualquiera de nosotros puede aprender.  Es muy fácil dejar que las circunstancias externas controlen nuestra paz interior.  Pero no tiene que ser asi.  Independientemente de las circunstancias externas, podemos elegir tener un espíritu alegre y una actitud no reaccionaria hacia otras personas.  Si hacemos eso, no solo impresionará a quienes nos rodean, como lo hizo por mí el caballero que estaba estacionando su automóvil, sino que también reducirá nuestro propio estrés personal y aumentará nuestra propia productividad. 

Estoy agradecido por ese caballero en el estacionamiento que demostró tan bien lo que significa mantener su paz interior ante una situación tensa.  Podría haber respondido de muchas maneras desagradables, pero decidió no reaccionar mal.  ¡Fue realmente impresionante!  Sé que eso es lo que quiero para mi vida y estoy seguro de que tú también. 

Consejo de la semana: ¡Las personas que no reaccionan mal me impresionan! 

¡Qué tengas una linda semana!  ¡Dios te bendiga! 

Dr. Robert A. Rohm


Traducido con permiso de Personality Insights, Inc. Para suscribirse al “Consejo de la semana” gratuito, visite http://www.personalityinsights.com y reciba el consejo semanal del Dr. Rohm todos los lunes por la mañana.

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Nunca confundas tu identidad con tu desempeño

Como profesor uno de mis desafíos  más grandes es tratar de enseñar a estudiantes que justifican sus bajas calificaciones diciendo: “¡Es que SOY malo para las matemáticas!”
Esa frase conlleva una de las mentiras más generalizadas que todos nos hemos tragado:  somos lo que hacemos.  

Nótese lo que se está diciendo:  Que con base a sus experiencias pasadas –su desempeño– esta persona considera que es – en su identidad – malo para las matemáticas.  Yo les digo lo que te estoy diciendo a ti: Nunca confundas tu identidad con tu desempeño.  
Cuando atamos nuestro identidad a nuestro desempeño, estamos abrochando el cinturón de seguridad de nuestra autoestima al asiento de una montaña rusa de incertidumbre.  Cuando todo va bien y hacemos las cosas con excelencia nos sentimos bien con nosotros mismos y nuestra autoestima está por las nube.  Levantamos las manos y gritamos eufóricos: “¡Soy exitoso!”.  

 Pero tarde o temprano, llegará el día en que nuestro desempeño será menos que excelente  y nuestro sentido de autovalía se desplomará suspirando: “Soy un fracaso”.   Si basamos nuestra identidad en nuestras carreras, nuestros logros, nuestras posesiones, nuestros roles, nuestros talentos y nuestras relaciones, o el aplauso de otros, tarde o temprano sucederá algo que lo sacudirá. 


Un árbol no está enraizado en sí mismo sino en el suelo.  Asímismo, si vamos a tener una identidad segura necesitamos construir nuestra identidad sobre algo fuera de nosotros mismos.  Algo más grande que nosotros.  Algo que sea inamovible.  
Gracias a Dios, existe tal fundamento:  El Señor Jesús dijo:

Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca.  Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”. Mateo 7:24-25


Observe que Jesús comenzó diciendo: “Cualquiera…”  ¡Eso te incluye a ti! Su promesa es que si  basas lo eres en lo que Él dice, entonces sea que fracases o tengas éxito, sea que tengas posesiones materiales o los pierdas,  sea que te aplaudan o abuchean, tu identidad permanecerá  intacta.  ¡Wow!


Imagina mirarte en el espejo y en vez de repasar en tu mente esos gastados refranes sobre sus defectos y fracasos, te miras a los ojos y dices con firmeza:  

“El fracaso es un evento.  No una persona.  

Dios dice que soy una creación admirable!  (Salmo 139:14)

¡Dios dice que me ama!  (Jer. 31: 3)

¡Y que me ama tal como soy! (Rom. 5:8)

¡Él me ha dicho que soy valioso para él!  (Mt. 10:31)

¡Y que soy más que vencedor por medio de Cristo! (Rom. 8:37)! “ 

¿Puedes ver el efecto liberador que eso tendría en tu vida? 

Te invito a hacer una oración sencilla: Señor: abre mis ojos para ver lo que tú ves cuando me miras.  Me cuesta verme a mi mismo como algo digno de que dieras tu vida por mí y no quiero seguir así.   Afírmame con tu amor.  Fortaléceme con tu amor inquebrantable”.  Amén.

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