Lo que los japoneses pueden enseñarnos sobre la unidad

Lo que los japoneses pueden enseñarnos sobre la unidad

Leave a commentLeave a comment 74 Views

Durante el último Mundial de fútbol hubo una imagen que sorprendió al mundo. Al terminar los partidos, mientras la mayoría de los aficionados abandonaban el estadio, los seguidores japoneses sacaban bolsas de basura y recogían los desperdicios de las graderías. Lo hacían después de ganar… y también después de perder. Cuando les preguntaron por qué, respondieron con sencillez: “Porque esa es nuestra cultura.”

La cultura no se impone con anuncios; se forma mediante hábitos repetidos hasta convertirse en algo natural.  Se revela en lo que hacemos cuando nadie nos lo exige.

Eso mismo ocurre en la iglesia. Pablo nos exhorta en Efesios 4:3 a estar “solícitos en guardar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz”. La unidad no se mantiene por accidente. Debe cultivarse intencionalmente hasta hacerse parte de nuestra cultura.

¿Cómo se construye una cultura de unidad? Practicando tres hábitos sencillos pero profundamente bíblicos.

Primero, resolver los conflictos con prontitud. Jesús dijo: “Ponte de acuerdo con tu adversario pronto…” (Mateo 5:25). El tiempo rara vez sana los conflictos; normalmente los agrava. Cuanto menor sea el tiempo entre el problema y la conversación, más saludables serán nuestras relaciones.

Segundo, rechazar el chisme. Proverbios 16:28 nos advierte: “El hombre perverso levanta contienda, y el chismoso aparta a los mejores amigos.” El chisme divide amistades, destruye la confianza y debilita el testimonio de la iglesia. Una manera eficaz de combatirla es preguntar: ”¿Ya hablaste con esa persona?” En una cultura de unidad no hablamos delas personas; hablamos con las personas.

Tercero, perdonar rápidamente. Efesios 4:32 dice: “…perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.”

Como el arte japonés del Kintsugi, donde una vasija rota se restaura con oro, la gracia de Cristo puede transformar las grietas de nuestras relaciones en un testimonio de restauración. Una iglesia que perdona no es una iglesia sin heridas; es una iglesia donde la gracia de Cristo es más fuerte que las heridas.

Cada conversación, cada conflicto y cada ofensa nos presentan una decisión: alimentar la división o proteger la unidad. La cultura de una iglesia no se define solo por lo que se predica el domingo, sino por lo que sus miembros practican cada día.

La unidad no debe ser algo que recordemos solo cuando surgen los problemas. Debe ser el ambiente que respiramos, el lenguaje que hablamos, un valor que protegemos y la manera en que vivimos juntos como el pueblo de Dios.

¿Qué clase de cultura estás ayudando a construir?

¡Bendiciones!

No comments



website statistics