«Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen». — Juan 10:27
¿Alguna vez has escuchado a alguien decir: «Dios me habló», y has pensado: «¡Qué maravilloso sería si Dios también me hablara a mí!»?
Muchos cristianos creen que escuchar la voz de Dios es un privilegio reservado para pastores, profetas o personas con una espiritualidad extraordinaria.
¡Pero Jesús nunca dijo eso!
Si eres oveja, puedes escuchar al Pastor
Jesús declaró: «Mis ovejas oyen mi voz».
Observa lo que NO dijo. No dijo: «Mis pastores oyen mi voz», ni «Mis ovejas más espirituales oyen mi voz».
La capacidad de escuchar al Buen Pastor pertenece a tu identidad como oveja, no a tu posición dentro de la iglesia.
No necesitas un título, un ministerio o años de experiencia espiritual. Sólo necesitas pertenecer a Cristo y estar dispuesto a aprender a reconocer su voz.
«Dios habla a todos. Yo solo escucho»
Existe una hermosa anécdota atribuida a Juana de Arco. Se cuenta que, durante su juicio, alguien le preguntó:
«¿Por qué Dios solo te habla a ti?».
Ella respondió:
«Está equivocado, señor. Dios habla a todos. Yo solo escucho».
Aunque no tenemos suficiente evidencia histórica para confirmar estas palabras, la idea que transmiten merece nuestra atención.
Dios no ha reservado su comunicación exclusivamente para una élite espiritual. Él desea tener comunión con sus hijos.
Escuchar es cuestión de relación
En mi libro Señor, ¿eres tú o soy yo?, explico que el propósito principal de escuchar a Dios no es recibir instrucciones, sino cultivar una relación personal con Él.
Piensa en alguien a quien amas profundamente. Basta escuchar su voz por teléfono para reconocerla, incluso antes de que se identifique.
¿Por qué? Por familiaridad.
Lo mismo ocurre con nuestro Buen Pastor. Cuanto más tiempo pasamos con Él, más aprendemos a reconocer su dirección.
Dios nos habla principalmente por medio de su Palabra, iluminada por el Espíritu Santo. Por eso, escuchar también implica aprender a discernir.
¿Estás escuchando?
Hoy quiero desafiarte a dejar de pensar que escuchar a Dios es un privilegio para otros.
Abre tu Biblia, dedica tiempo a la oración y cultiva diariamente tu comunión con Jesús.
No necesitas convertirte en alguien especial para escuchar al Pastor. ¡Necesitas ser su oveja y aprender a escucharlo!
¿Quieres aprender a discernir su voz con claridad y confianza?
Descubre más en mi libro Señor, ¿eres tú o soy yo?