No basta con dejar dinero

No basta con dejar dinero

Leave a commentLeave a comment 349 Views

Cuando Cornelius Vanderbilt murió en 1877, dejó una de las fortunas más grandes de su época: más de 100 millones de dólares. Su hijo incluso logró aumentar aquella enorme riqueza. Sin embargo, con el paso de las generaciones, gran parte de la fortuna comenzó a desaparecer entre divisiones familiares, mansiones extravagantes, yates y estilos de vida cada vez más costosos.

Casi un siglo después, en 1973, 120 de sus descendientes se reunieron en Vanderbilt University. Según el historiador de la familia, entre los asistentes no había un solo millonario.

Una generación había construido una fortuna extraordinaria, pero las siguientes no lograron conservarla.

La historia de los Vanderbilt nos recuerda algo importante: no basta con dejar una herencia; debemos dejar también los principios necesarios para administrarla.

Proverbios 13:22 declara:

“El bueno dejará herederos a los hijos de sus hijos; pero la riqueza del pecador está guardada para el justo.”

La verdadera prosperidad no termina conmigo. Dios me llama a vivir de tal manera que las generaciones que vienen detrás de mí sean bendecidas por mi fidelidad.

Naturalmente, un legado puede incluir recursos materiales. Es sabio ahorrar, invertir, evitar deudas innecesarias y preparar financieramente a nuestra familia. Pero el verdadero legado va mucho más allá de una cuenta bancaria o una propiedad.

Mi mayor herencia será la clase de vida que otros vieron en mí.

Quiero dejar a mis hijos, nietos y a quienes Dios me permita influenciar un ejemplo de fe, integridad, generosidad, obediencia y amor por Dios. Quiero que no solamente reciban recursos, sino también principios que les permitan administrarlos con sabiduría.

Y ese legado no comienza cuando hacemos un testamento. Se construye hoy.

Cada dólar administrado con sabiduría, cada deuda que evitamos, cada acto de generosidad, cada inversión en el Reino de Dios y cada persona a la que ayudamos a crecer son semillas que pueden continuar produciendo fruto mucho después de nuestra partida.

Por eso, quizá la pregunta más importante no sea:

“¿Cuánto voy a dejar?”

Sino:

“¿Qué clase de personas estoy ayudando a formar?”

Mi oración es que, cuando llegue al final de mi carrera, pueda decir que no solamente administré fielmente lo que Dios puso en mis manos, sino que ayudé a otros a conocerle, servirle y vivir para Su gloria.

Porque la verdadera prosperidad no termina conmigo. Trasciende mi generación.

¿Qué estás haciendo hoy que todavía bendecirá a otros cuando tú ya no estés?

No comments



Web Analytics

Visitantes desde el 12 de julio, 2020.